Reflexión: “Una madre que nunca se dio por vencida”

Con motivo de celebrarse el Día de la Madre, Elizabeth Santángelo de Gastaldi, portavoz de la Ciencia Cristiana para Argentina con sede en Rosario, hizo llegar a la redacción de El Observador, el siguiente pensamiento alusivo:

“En este día tan especial para las familias argentinas, me permito reflexionar sobre el papel que la madre tiene no sólo en la familia, sino también en la sociedad.

Esa figura amorosa y paciente que con afecto educa, modela la experiencia de cada uno de los integrantes de su familia y ejerce en la mayoría de los casos una influencia benéfica en la formación de nuestros niños y jóvenes.

Últimamente, un número creciente de madres han tenido que asumir además el rol de trabajadoras en el mercado laboral, debido a la recesión, el desempleo y la carencia. Esto presenta nuevos desafíos para toda la familia.

Me parece interesante compartir la historia de una mujer que vivió en el siglo XIX, que enfrentando los mismos desafíos en una época en que la mujer casi no tenía derechos, logró alcanzar el control de su vida y triunfó sobre dificultades tales como la viudez, un divorcio, la pérdida del hogar, el rechazo de su familia y una mala salud crónica.

Esta mujer fue Mary Baker Eddy, la reformadora religiosa estadounidense y fundadora de la denominación cristiana conocida como Ciencia Cristiana.

Eddy queda viuda, empobrecida y embarazada a los 22 años, teniendo que volver al hogar paterno. Debido a los problemas de salud que padecía, su hijo debió ser cuidado por una criada de la familia.

Cifrando sus esperanzas en poder ocuparse ella misma del niño, contrajo nuevas nupcias con un dentista; desconociendo que su familia y esposo planeaban alejarla definitivamente del niño.

Después de este doloroso alejamiento, ella vuelca su inspiración en un poema que escribió y que revela su angustia latente: “¡La pena muda de una madre / Demasiado aguda de expresar, demasiado honda para llorar!” (Smith, Louise “Mary Baker Eddy, descubridora y fundadora de la Ciencia Cristiana”, 1991, p.45)

Su salud continuó empeorando y debido a ciertas actitudes y acciones de su esposo se ve obligada a divorciarse.

Luego de alrededor de veinte años de lucha, y gracias a su gran confianza en el poder de Dios, ante un agravamiento de su condición física, logra restablecerse por medio de la oración, comenzando desde allí una vida consagrada a ayudar a los demás en base al sistema de curación espiritual que descubre y demuestra en su propia vida.

Ya totalmente restablecida y en pleno vigor, alcanza el gran anhelo de ver nuevamente a su hijo, después de 23 años de ausencia, quien ya tenía 34 años.

Pero tampoco fue posible cristalizar el anhelo de verlo junto a ella para siempre, ya que su hijo decide alejarse de su madre completamente.

En la actualidad existen casos de madres que tienen que enfrentar situaciones legales a causa de sus divorcios, o bien ante secuestros de sus hijos y que quizás puedan identificarse en cierta forma con esta valiente mujer.

Y con el mismo coraje y valentía que demostró esta mujer y madre, otras pueden también mantener el genuino deseo de fortalecer sus corazones a través de su confianza en el poder de Dios, y gracias a una fe inquebrantable que siempre “mueve montañas” (ver Mateo 17: 20).

A todas ellas: “¡Continúen avanzando, sin claudicar!”

 

 

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