Historias de Crespo: La primera prueba de automovilismo en la ciudad

Escribe Orlando Britos para El Observador

Bajo la supervisión del escribano Roberto Mohor, en agosto de 1936 se comenzó a trabajar en la organización de la primera carrera automovilística en Crespo. Con tesón, confianza y sin pedir descansos, se delineó el circuito por las avenidas, quedando el mismo en pleno corazón de la entonces Villa. La Municipalidad dio un gran apoyo a la comisión organizadora, que estaba conformada de la siguiente manera: presidente honorario, Otto Sagemüller; presidente, Roberto Mohor; secretario, Tomás Palacio; tesorero, Bernardo Corngold; vocales: Andrés Spreáfico, José Batagliero, Juan Dugone, Federico Schmidt y David Herbel. También se había constituido una comisión de circuito, formada por Emilio Schaller, Esteban Pesante, Enrique Wagner, Juan Dugone, Roberto Mohor y Pompeo Dorato.

El 15 de agosto de ese año llegó la esperada primera competencia automovilística, que originalmente había sido anunciada para el 5 de julio, pero por diversas razones se venía postergando. Una multitud se congregó en esa fecha para ver las pruebas de clasificación, donde Faustino Facello hizo el mejor tiempo, con una marca de 3 minutos 30 segundos 2 quintos. Actualmente parece mucho ese tiempo, pero ¡cómo era el circuito! Tenía una extensión de 4.300 metros, estaba compuesto por 7 virajes, entre ellos uno de 180 grados, dos de 90 y dos de 80 grados. Tenía dos rectas de 900 metros y dos de 600. Otra de 650 y las restantes de 450 y 200 metros. Se podía correr bastante, como el ganador de la prueba al día siguiente, quien tras hacer 86 kilómetros de recorrido, estableció un promedio de 71 kilómetros 400 metros. A la noche se armó un gran baile y se improvisaron fogones en distintos lugares, porque muchos se quedaron por la zona a festejar. Los visitantes y los habitantes de Crespo trasnocharon deleitándose con las incansables voces que ya tenía como promesas este poblado. Las canciones vibraron en las gargantas de quienes esperaban el gran evento. Llegó el domingo y con él el gentío. Más de 7.000 personas fueron el marco de público que tuvo aquella carrera indican los diarios de la época. Los textos recuerdan éxitos, felicitaciones, palabras de reconocimientos y el abrazo conmovedor de los pilotos y la comisión como remate a tanto júbilo.

Después los organizadores hicieron caja y si bien en esa carrera no se cobró entrada, los premios sumaban un costo de $950, bastante para la época. Con rifas, kermeses y otras ventas beneficio recaudaron $ 800 y allí nació el gran gesto de quienes integraban la comisión, distribuyeron entre sí el déficit. Y nadie chistó, porque al final de cuentas ¿se hacía o no se hacía este deporte? De ellos dependía consagrarlo.

 

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