¿Usted se operaría si le dijeran que tiene cataratas?

Las cataratas son ni más ni menos que una de las causas más comunes de pérdida de visión, especialmente a medida que la persona envejece, ya que son parte del proceso de desgaste que sufre el organismo con el paso de las décadas. El Dr. Fernando Remis, oftalmólogo, en diálogo con El Observador, sostuvo que la enfermedad constituye uno de los principales motivos de consulta y sobre la misma explicó: “Dentro del ojo tenemos un lente natural llamado cristalino, que recibe este nombre porque es transparente. Todo lo que vemos pasa a través de él, pero debido a diferentes circunstancias que pueden llegar a suceder, este cristalino se opaca y es entonces cuando el cuadro recibe el nombre de ‘cataratas’. Tal vez sea más fácil entender que quien padece esta afección, ve como a través de un vidrio empañado. El trastorno ocular puede aparecer a cualquier edad, así que todos tenemos riesgo, pero a no alarmarse, sino más bien estar atentos a los primeros indicios. Las estadísticamente varían de acuerdo al grupo poblacional que se toma como referencia, pero en líneas generales, las mujeres tienen mayores probabilidades de padecerlas. La catarata tiene una incidencia más pronunciada en personas que superan los 60 años, aunque no es excluyente a que se diagnostique en otras etapas de la vida. Existen varios causales, pero habitualmente las enfermedades metabólicas como la diabetes son las que predisponen al paciente a padecer de ‘catarata subcapsular posterior’, que es uno de los tipos en los que se manifiesta y se caracterizada por una importante disminución de la visión incluso en casos leves”.

El profesional remarcó que resulta trascendente poder diagnosticar la enfermedad en sus comienzos, para poder controlarla y tratarla. Para ello, cada persona debe poner especial atención en su salud ocular y agregó: “Hay que diferenciar que la catarata puede producir tanto una disminución de la cantidad o de la calidad visual. En el primer caso el enfermo no puede reconocer un rostro a pocos metros o leer los carteles de las calles, por ejemplo. En cambio, cuando decae la calidad se producen fenómenos como halos alrededor de las luces o la persona ve la ‘luna con fantasmas’, la visión es fluctuante, los colores no son exactamente como el cerebro los recuerda, son esas ocasiones en la que los pacientes dicen ‘hay días que veo bien y otros que me cuesta más enfocar’”.

Por lo general una vez diagnosticada, la enfermedad avanzará hasta hacerse madura. El tiempo que demora en desarrollarse y alcanzar sus máximas secuelas es impredecible y depende del tipo de catarata. Remis comentó que “algunas pueden ser quirúrgicas en cuestión de meses, otras pueden tardar años y quizás ciertos casos no requieran intervención. Pero cuando se necesita tratamiento, este es quirúrgico siempre. El avance de la tecnología nos permite a los oftalmólogos hacer cirugías con muy bajo riesgo y con una recuperación muy rápida. Es tan así, que habitualmente quien se opera un ojo, desea operarse el otro para mejorar su visión completamente. Algunos datos reconfortantes para quienes le tienen cierto temor, es que la anestesia es sólo con gotas, la catarata se extrae con ultrasonido o sea que no genera nada de molestias, las lentes intraoculares son muy pequeñas y vienen enrolladas para colocarse por una incisión tan pequeña, que no se necesitan realizar puntos de sutura. Cuando se confirma la presencia de la enfermedad y el grado de avance que tiene, lo cual obviamente es muy personal de cada uno e incluso de cada ojo en particular, suelo recomendar a las personas afectadas, que evalúen la urgencia en relación al estilo de vida que llevan. Si alguien con cataratas puede hacer sus actividades cotidianas en forma habitual, la intervención quirúrgica puede esperar. En cambio, si la visión es lo suficientemente baja, logrando impedirle desarrollar una determinada rutina, entonces es momento de operarse. No es lo mismo estar en edad laboral y tener una leve reducción de la visión, pero que imposibilita sacar el carnet de conducir por ejemplo; que una persona mayor con actividades recreativas diversas, que puede desempeñarse cotidianamente sin impedimento, aún padeciendo el trastorno. Toda persona debe ocuparse de la salud de sus ojos, pero no preocuparse al punto de deprimirse si se le detecta una catarata, porque junto a su médico podrá determinar cómo tratarla y si requiere cirugía, cuándo es el momento oportuno”.

El especialista señaló que en principio la catarata lamentablemente no es prevenible, pero que existen ciertos cuidados o actitudes que pueden retrasar su aparición, sobre lo cual ejemplificó: “los cuadros que tienen origen en la diabetes se pueden evitar con una dieta estricta, el control riguroso de los valores de glucemia y la ingesta correcta de la medicación prescripta por el médico tratante. Los casos de cataratas como manifestación del proceso de envejecimiento, pueden retrasarse con el uso de anteojos con protección ultravioleta, siendo lo más aconsejable que los mayores los utilicen durante toda su vida adulta”.

Como ocurre con todas las enfermedades, la consulta periódica con el médico especialista y la realización de controles, independientemente a la edad que tenga el paciente, constituyen el principal método de detección precoz.

 

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