Un viaje por la historia pastillera en dos noches repletas en el Club Echagüe

Las Pastillas del Abuelo regresó a Paraná tras muchos años de ausencia. Por primera vez tocó en el Club Echagüe y la expectativa fue tal que agotaron fecha doble, sábado y domingo. Sonaron clásicos de sus primeros discos, y todos sus hits en dos jornadas a pura fiesta que reivindica el crecimiento del grupo liderado por Piti Fernández.

Desde el momento en que las luces se apagaron y la silueta de Piti Fernández apareció en el escenario, la energía en el microestadio del Club Echagüe fue palpable. Pasaron muchos años de ausencia con su público de la capital provincial y la banda desató una avalancha con sus primeros acordes con un sonido impecable que hacía vibrar cada rincón de la cancha de básquet. Con los ecos del día anterior, la banda se subió nuevamente al escenario.

Los acordes de “Cerveza” fue la punta de lanza del show. Todo un clásico de la banda que no solo es una de las canciones de su primer disco oficial sino que también fue uno de los primeros temas que escribió Piti en su adolescencia.

Luego de la mano del disco Paradojas el público empezó a saltar a la par de “Absolutismo”, “La Creatividad” y el siempre esperado “Rompecabezas de Amor” con las pantallas de celulares encendidas tanto en el campo como en las tribunas en un tendal de luces que iluminó la noche.

En el túnel del tiempo hubo espacio para el disco Crisis y su siempre coreado “¿Me juego el Corazón?” con el recitado seguido al pie de la letra de sus fans del poema de Francisco Luis Bernárdez.

Y lo que el árbol tiene de florido vive de lo que tiene sepultado

Y mucho de lo sepultado vio a la luz en el último tiempo y en este fin de semana no iba a ser la excepción. En Youtube como testigo o en algunos sitios de descargas compartidas, Las Pastillas solían subir canciones mucha de ellas acústicas otras tantas en vivo y algunas grabado sin la calidad de su discografía oficial. Sin embargo, en el último tiempo hubo una especie de rescate de aquellas canciones sumando el aporte de músicos invitados de la escena nacional e internacional.

Así llegó el turno de escuchar “Sabina y Piazzolla” un clásico que hace poco grabaron en estudio con Kutxi Romero de la banda española Marea. Luego el candombe de “Resulta imposible” y de la placa roja el nostálgico “Amar y envejecer”.

El homenaje a Diego estuvo presente y apenas sonaron los primeros acordes de “Qué es Dios” banderas blancas y celestes, camisetas en el público a modo de ofrenda y postales de jugadas de Maradona proyectadas en la pantalla del escenario volvieron al recital de una atmosfera futbolera para el astro que mejor supo vestir la camiseta de la Selección Nacional. ¡El que no salta es un inglés! hizo desplegar del suelo a todos los asistentes a lo largo y ancho de la cancha.

Piti, con su carisma habitual, conectaba con el público en cada gesto, en cada mirada. La banda, ajustada y potente, demostró por qué sigue siendo una de las favoritas del rock nacional, desplegando una química envidiable que se traducía en solos memorables y bases rítmicas contundentes.

Llego el turno de “Peldaño” un tema que aplica mucho a la historia de la banda que supieron llegar a la cima de su carrera luego de un recorrido en el under hasta un par de décadas después encontrarse llenando estadios, con la premisa de que el éxito no es instantáneo y que todo se construye desde ese peldaño por peldaño.

“El favor” uno de sus últimos hits continuó el setlist, seguido de “Ama a quien llora por ti” otro de los reversionados en este último tiempo con nada menos que Andrés Ciro en uno de los temas más estilo piojoso de la banda. “Tantas Escaleras”, “Qué hago yo esperando un puto As” y “Enano” hicieron desatar el pogo del público en una noche fría afuera pero con el calor intenso en el estadio.

Otra de las perlitas de la vieja escuela pastillera llegó con “La Casada” un tema que supo sonar en las radios de forma remixada. “Nuestro primer reggaeton”, bromeó Piti desatando el baile arriba y abajo del escenario.

“Ojos de dragón” y “Viejo Karma” dos clásicos del disco Desafíos hicieron estallar al público, en dos temas de los más esperados por las parejas y también por el público en general.

Un saludo final de la banda ante los aplausos del público pastillero y el “una más y no jodemos más” se escuchó abajo. La banda recogió el guante y volvió al ruedo con “Loco por volverla a ver”.

Había tiempo para una más y su hit familiero no podía faltar. Las Pastillas es familia, es amistad. Llegó el cierre con “Otra vuelta”. Tener de amigos a mis hermanos tener de hermanos a mis amigos es una frase que retrata lo que encarna el sentimiento de muchos agradecidos a “que se hayan inventado Las Pastillas del Abuelo y por supuesto La 20 que explota”.

No solo revivieron la nostalgia de sus primeros éxitos, sino que también demostraron la vitalidad de sus trabajos más recientes, confirmando que su evolución no hizo más que fortalecer su propuesta. Las dos noches fueron un testimonio de lealtad entre la banda y su gente, una comunión inquebrantable que reafirma a Las Pastillas del Abuelo como un fenómeno que trasciende el tiempo y las modas.

Con una organización a destacar por parte de Harlem Festival en las entradas y salidas y en la disposición de merch, bebidas, comidas y baños con una logística bastante ágil para el numeroso público y en un show sin inconvenientes.

“La próxima deberán ser tres” bromeó Piti. Ayer, al igual que el sábado, Paraná vibró al ritmo de Las Pastillas, consolidando su regreso como un hito inolvidable en la historia musical de la ciudad.

Por Gonzalo Gadea Britos

Fotos: Harlem Shows

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