Un título para siempre: Volvió a su casa para sumar y terminó campeón

Prediger levanta la copa al cielo de la eternindad. Unión campeón de Paraná Campaña por primera vez en la historia.

Bajo un manto de absoluta humildad y en silencio, se sumó al proyecto futbolístico. Fiel a su estilo, sin fuegos artificiales que indicaran su vuelta, apareció en las calurosas noches de pretemporada cuando recién se daba a luz, una idea que desencadenaría felices sonrisas.  

Sebastián Prediger dejó en el archivo la elogiable carrera en el mundo profesional y se incorporó a Unión, la dejó para volver a aquel primer amor que cobijó sus pasos iniciales detrás de la pelota, aspecto que nos interesa en este aquí y ahora.

Volvió por afecto, por esa adicción a la pertenencia, por ambición, por convencimiento, por las ganas de sumar al club que tanto le dio, volvió porque había un grupo de trabajo que apuntaba hacia un hermosa fantasía de conquista, volvió para contagiar a los pibes y no tan pibes, volvió para conducir, para proyectar y también naturalmente, para soñar.  

“No fue una decisión fácil, sin dudas, porque no solamente es alejarse del fútbol profesional, sino también de venir acá y también sumarme a este proyecto que es muy lindo. Estoy seguro que cada decisión que tomo siempre va a ser al máximo y llegué a tomarla sabiendo que es un compromiso serio, lo pensé muchísimo y pienso que ha sido lo correcto. Esperemos poder dejar algo al club, que es el objetivo de todos nosotros como equipo”, fueron algunas de sus palabras cuando fue presentado oficialmente como jugador de Unión a mediados de febrero.

La foto soñada. Unión y la conquista de un título para toda la vida.

Vaya que sí cumplieron el objetivo de “dejar algo al club”, una brillante estrella en el glorioso firmamento, de esas que no se veía desde hacía unos 20 años. La primera en los territorios de Paraná Campaña con este N° 5 como bandera.

Escribo estas líneas y resulta imposible imaginar que al protagonista le hará cierto ruido dada su naturalidad de eludir elogios. Pero es inevitable detenerse en un momento histórico del deporte crespense en el que un profesional retornó para conducir a un grupo hacia el altar de los elegidos. Es obvio que no lo hizo solo, pero su aporte fue de vital relevancia. Su figura no se limita al rectángulo de juego, va más allá. Recorre el trabajo que rodea la preparación de un equipo, las charlas con el cuerpo técnico, una mano con la cancha y elementos deportivos, el consejo diario para el jugador, el ser uno más en cada práctica.

“Son chicos muy profesionales, lo remarcamos todos los días. Vienen a entrenar con el esfuerzo que demanda esta Liga, trabajan a la par todos los días y la verdad que yo estoy sorprendido. De mi parte cada consejo que pueda dar en base a lo que he vivido, siempre lo haré. Se dan algunas charlas donde uno tiene la posibilidad de transmitir su experiencia siempre en beneficio del grupo”, resaltó en aquella conferencia de febrero. En base a esta teoría, no resultó extraño que cada jugador al ser consultado sobre la presencia del capitán, se detuviera en elogios como “es el primero y el último en las prácticas”, “nos aconseja permanentemente”, “es un ejemplo a seguir por su sacrificio de todos los días” y demás.

Resta un aspecto más que subrayar. Prediger trajo consigo el factor convencimiento. Transmitió y contagió su mentalidad al grupo, un aspecto para nada menor. Había material y cada uno debía estar convencido que era capaz de alcanzar un objetivo que hacía tiempo se hallaba guardado bajo las almohadas. Allí también entró a jugar el que andaba con la cinta en brazo. La seguridad se hizo contagiosa y fueron potenciándose las piezas de un todo fecha a fecha.

Hay ejemplos que argumentan lo que sostengo. Cuando Unión perdió con Cultural en el último capítulo de la fase de grupos, fue a parar a la llave más compleja de todas. El comentario generalizado fue: hasta acá llegó. Pero allí se vio la mejor versión, ante la adversidad desplegó sus virtudes y fue eliminando a los grandes candidatos del Apertura hasta levantar la brillante Copa en la congelada tarde del domingo.

Matías Zapata en lo alto. Fue el que puso en práctica la idea de un grupo de sólido grupo de trabajo.

“Queremos que la gente acompañe a este equipo, a este grupo de chicos. Siempre tengo el recuerdo de ir a la cancha cuando era chico y era prácticamente el evento familiar del fin de semana. Las canchas se llenaban, era espectacular. Esperamos que nuevamente tengamos ese acompañamiento, que la gente vaya a la cancha y que sea una fiesta como solía ser en otras épocas”, deseó hace un puñado de meses. El acompañamiento estuvo y se observó una notable escenografía fundamentalmente en la primera final, como hacía años no se apreciaba en Paraná Campaña.

La incidencia del capitán en este grupo fue gravitante y resulta elogiable. Busquemos en la historia de futbolistas profesionales y arrojemos en la mesa cuántos cumplieron este círculo. Seguramente habrá más de uno, pero en estos suelos no resulta sencillo encontrar antecedentes.

Llegó para levantar la bandera, llegó para ser uno más del todo, llegó para conducir, llegó para convencer, llegó para contagiar, llegó para ilusionar, llegó para ser campeón…y lo fue.

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Por Mauricio Jacob
Desde Crespo
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