Sostienen que Argentina tiene la capacidad de triplicar su potencial agrícola mediante el uso del riego

A pesar de tener extensas tierras fértiles y conocimiento técnico, Argentina continúa siendo un “gigante dormido” en el sector agrícola por un motivo esencial: la escasez de agua. Gonzalo Meschengieser, director ejecutivo de la Cámara Argentina del Agua, explicó que “solamente un 6% de la superficie de cultivo del país dispone de riego tecnificado”, lo que restringe de manera significativa la capacidad de producción. El experto alertó que, en caso de invertir estratégicamente en infraestructura de agua, se podría «triplicar la cantidad de terrenos aptos para la producción». Esto no solo posibilitaría un incremento en las ganancias, sino que también situaría a Argentina en la capacidad de generar alimentos para más de 1200 millones de individuos, lo que equivale al 15% de la población global.

El riego, destacó Meschengieser, “no solo aumenta la producción por hectárea, sino que reduce la incertidumbre climática, diversifica cultivos, mejora la calidad de los productos y extiende los calendarios agrícolas”. Sin embargo, el acceso a estos sistemas sigue siendo complejo para los productores, enfrentando varios obstáculos.

Entre los principales desafíos, en declaraciones que publica Edicion Rural, explicó que “la financiación es la barrera más significativa”. Instalar un sistema de riego requiere “inversiones iniciales elevadas en infraestructura y mantenimiento”. A esto se suma la “tramitación burocrática, que complica acceder a derechos de agua y coordinar obras entre productores, debido a normativas dispersas y contradictorias”.

Mientras que zonas como Cuyo y el Noroeste cuentan con experiencia en riego pero dependen de la disponibilidad anual de nieve, otras regiones como el NEA poseen grandes ríos pero carecen de infraestructura para distribuir el agua. “La Pampa Húmeda, rica en lluvias, podría multiplicar sus rendimientos con riego complementario, sobre todo en años secos”, agregó.

Pese a estos obstáculos, Argentina tiene herramientas y capacidades para dar un salto en este tema. “Contamos con universidades, centros de investigación y empresas tecnológicas que desarrollan soluciones propias, más económicas y adaptadas a nuestro territorio que las importadas”, afirmó Meschengieser, en referencia a ejemplos como sensores de humedad de bajo costo y plataformas digitales de monitoreo remoto. La clave está en articular estos desarrollos con políticas públicas y financiamiento productivo. Para el experto, “el acceso al agua no es solo un problema productivo, sino una cuestión de soberanía, justicia social y resiliencia climática”.

Las sequías recientes, especialmente la de la Cuenca del Paraná, dejaron pérdidas multimillonarias en el agro y deberían ser una enseñanza: “No hay futuro sin una política hídrica integral”.

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