Siguen opiniones y polémicas por el proyecto de “Muerte Digna”

En las últimas semanas se ha generado un intenso y muy enfrentado debate público, en virtud de varios proyectos presentados en la Cámara de Diputados y Senadores de la Nación, respecto de legislar sobre lo que se llama la “Muerte Digna”. En la edición pasada, El Observador publicó la interesante postura del médico cardiólogo Dr. Luciano Reca, quien en reiteradas oportunidades atraviesa el difícil momento de las despedidas junto a la familia de sus pacientes. Posteriormente, este medio dialogó con el Pastor Bernardo Ikert de la Iglesia Evangélica Congregacional y el Padre Ariel Talabera, sacerdote de la Parroquia del Rosario, quienes desde el punto de vista espiritual analizaron la propuesta.

De aprobarse las iniciativas que están siendo evaluadas en el Congreso, todos los argentinos mayores de edad podrían decidir si quisieran ser “asistidos artificialmente” o no, en caso de que incurrieran en lo que habitualmente llaman “estado vegetativo”. Acerca de tal posibilidad, el Ps. Ikert expresó: “Debería realmente preocuparnos este tema, porque estamos debatiendo si darle o no a una persona una medicación que lentamente la adormezca hasta la muerte, en vez de velar por los que están sanos o ver qué podemos hacer para salvar al que está enfermo. Quienes tienen esa gracia de poder atender a otros que sufren, deben ser personas fuertes, de convicción firme y constante, características que también deben tener quienes acompañan a un convaleciente para alentarlo. Quitémonos la idea de adelantarle a alguien los pasos de la muerte, porque esto le corresponde sólo a Dios. Lo que podemos hacer es tomar conciencia y decir Señor, tanto tiempo ya sufrió mi hermano, mi esposa/o, por qué no tenés misericordia y llamás a tu presencia al ser querido. Finalmente, Él decidirá nuestro destino”.

Asimismo, el religioso evangélico se mostró optimista hacia la esperanza de vida y en tal sentido indicó: “Sabemos que ha habido personas que han estado hasta 40 años en un estado de adormecimiento y de repente se levantaron. Son casos misteriosos, verdaderos milagros que han ocurrido. No quisiera que un día el Señor, en el juicio final, nos diga por qué le diste tal o cual medicamento, si el plan era que esté unos años vegetando y después se iba despertar o iba a salir del coma. Dios tiene un proyecto para cada uno de nosotros, del cual desconocemos sus tiempos”.

Por su parte y en coincidencia, el Padre Ariel Talabera sostuvo que la postura de la Iglesia Católica es muy humana y agregó: “Bajo ningún punto de vista podemos favorecer los métodos que ponen fin a la vida de una persona. Aunque el enfermo esté en estado terminal, anticipar la llegada de la muerte es un suicidio, en el caso de que sea por voluntad del paciente o un homicidio, si es a través del consentimiento de médicos y familiares”.

El sacerdote enfatizó en diferenciar lo que son las atenciones al final de la vida de la llamada muerte digna. “Actualmente pareciera ser que es más fácil legislar sobre la muerte y determinar quién va a morir, que abordar cuestiones sobre la calidad de vida o los tratamientos para evitar el dolor y las despedidas traumáticas, que es hacia donde debería orientarse el proyecto nacional. Un tratamiento paliativo no es la eutanasia y sobre eso es importante debatir”, dijo Talabera.

Habitualmente los párrocos administran el sacramento de la Extremaunción, momento en el que se acercan a los enfermos o mayores que están a poco de fallecer y según Talabera, la actitud de éstos es mayoritariamente aferrarse a la vida: “Por más difícil o dolorosa que sea la situación que atraviesa una persona, el ser hombre naturalmente quiere vivir. Todos queremos morir acompañados, en paz, pero en la esencia y el corazón está el deseo de que ese momento no llegue. La vida es el derecho fundamental del hombre, por eso me parece muy raro que se pretenda legalizar sobre la muerte. Hace poco estuve en Francia, donde muy por el contrario, tienen una ley sobre tratamientos paliativos. Destinan de su presupuesto 50 euros diarios, durante 21 días, para ayudar a las familias de los pacientes moribundos. Está normado el derecho al permiso laboral para acompañar a un familiar que se encuentre así, hay equipos médicos preparados para contener al enfermo y al entorno, entre otras cosas. Es un plan integral muy alejado de la realidad que hoy se presenta en Argentina”.

 

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