Signorini: “A través de su arte, Diego hizo feliz a millones”

Fernando Signorini, conocido popularmente en el mundo del fútbol como “El Profe,” es un destacado profesor de Educación Física especializado en la preparación de deportistas de alto rendimiento. Nacido en Lincoln, una ciudad de la provincia de Buenos Aires, comenzó su extensa y prestigiosa carrera en 1972 en el Club Rivadavia de esa localidad.

Fue el histórico preparador físico de Diego Maradona con quien tejió una historia profesional y de amistad desde 1983. Estuvo con él en los mundiales de México 1986, Italia 1990 y Estados Unidos 1994; además fue preparador físico de la Selección Argentina que tuvo al 10 como DT en el Mundial de Sudáfrica 2010.

Con motivo de la inauguración de un fabuloso mural elaborado en base al mosaiquismo destinado a Diego, anduvo pisando estas tierras entrerrianas. Fue en Hernández hace un puñado de meses donde se maravilló por la obra de Néstor Medrano, lugar donde mantuvo un fluido y cálido mano a mano con Canal 6 ERTV y El Observador.

Habló sobre sus inicios con el astro del fútbol mundial, las enseñanzas, el sacrificio por vestir la celeste y blanca, el genio incomprendido, el recuerdo permanente de ese villero que se enfrentó al mundo corriendo detrás de la pelota, eterno creador de arte sobre lienzo verde.

– ¿Qué significado tiene para vos este mural fantástico para que la llama de Diego siga encendida?

– Dijiste el adjetivo justo: Fantástico. La verdad es que no me lo esperaba de ninguna manera y menos con esa técnica (mosaiquismo). Es algo realmente maravilloso. Yo he tenido una vida que ni en mis mejores sueños hubiera imaginado gracias al pibe de Fiorito. Que se le ocurrió allá por noviembre del 83 hacerme esa descabellada oferta de que me quede a trabajar como su preparador personal cuando esa profesión no existía. Eso lo inventó él, a raíz de la brutal lesión que tuvo en esa desafortunada jugada de Andoni Goikoetxea del Bilabo. Entonces a donde me llaman y el motivo es él, voy. Y si son lugares apartados, esos que prácticamente la sociedad no tiene en cuenta, me gustan más todavía porque él también, en cierto sentido, salió de un lugar que no solamente era ignorado, sino también despreciado, como lo sigue siendo. Porque una gran parte de la sociedad y por supuesto de la política y de la dirigencia, lo sigue despreciando porque son negritos villeros, hasta que alguno a lo mejor frota la lámpara y se le da por alcanzar un logro importante a nivel mundial. Entonces ahí estos miserables los aprovechan, los usan, los instrumentalizan, siempre y cuando el limón tenga jugo. El día que no tenga más, lo tiran y vuelven otra vez a quedar en la misma posición de antes.

– ¿De qué manera surge tu primer contacto con Diego?

– Tal vez como nieto de los barcos, mis abuelos maternos y paternos son europeos,  siempre estuvo eso de mirar por el espejo retrovisor para ver de dónde vino uno. Esa curiosidad siempre la tuve y mucho más cuando comencé a actuar en el mundo del deporte. Luego de las primeras experiencias en Rivadavia de Lincoln y en Atlético Quiroga, con quien era mi novia y que además era jugadora de tenis y enseñaba, nos decidimos emprender esa aventura de ir a Europa. Quería ir a Barcelona porque había llegado César Luis Menotti, que era el técnico que más me había seducido. No solamente por la propuesta de juego de sus equipos, sino por la valoración ética que tenía respecto al hecho deportivo. Nos fuimos sin conocer a nadie y sin pasaje de vuelta, y después de bastante trabajo logré encontrarlo a César para pedirle autorización y ver los entrenamientos. Él sin conocerme, por algo que no tiene explicación, sin saber quién era, me dijo que sí, cuando en realidad la presencia de extraños en los entrenamientos era absolutamente prohibida. Con el tiempo alguna vez le pregunté por qué lo había hecho, y su respuesta fue: “La verdad, no lo sé, me habrás agarrado en un momento de debilidad”.

Durante la época de Diego en el Napoli

– Ahí te vio Maradona…

– A Diego lo ayudé con la recuperación tras la fractura que había sufrido con Barcelona, lo hice como un amigo que estaba cerca y un día le gustó mucho lo que hacíamos. Creo que por eso me vino a buscar para ofrecerme esa descabellada idea de transformarme en el primer preparador personal para un jugador de deporte en equipo. Eso no existía. Me lo ofreció, lo puse en duda, le dije que me dejara pensarlo, y cuando acepté, me dijo que tenía que pasar por la oficina de su apoderado para firmar un contrato. Y yo le dije: “Mirá, yo con vos no voy a firmar ningún contrato. Esto tiene que ser una relación de mucha honestidad, mucha nobleza, vos me dijiste que le ofreciste ayuda a muchos amigos que después te terminaron haciendo juicio, así que de nuestra relación no va a comer ningún ave negra. Así que venga un apretón de manos y vamos. El día que no te sientas más a gusto, venís y me lo decís y me voy sin reclamarte nada. Pero yo juego con las cartas del mismo mazo”. Así le dije textual y tan mal no nos fue. Estuvimos más de 11 años así.

– Fue un cambio rotundo en tu vida.

– Sí, para siempre. Yo estaba predestinado a una vida de ciudad chica, yo soy de Lincoln en la provincia de Buenos Aires, a lo mejor sin demasiados colores, y él le puso más colores que el arco iris. Quizás aparecía un horizonte sin muchas emociones y él lo llenó prácticamente cada día. Tuve la posibilidad de haber conocido a personajes de la historia mundial, como al comandante Fidel Castro, a gente ligada a distintas disciplinas del arte, como Joan Manuel Serrat, Eduardo Galeano y tantos otros… fue increíble y todo gracias al Pelu de Fiorito.

El festejo tras la victoria sobre Inglaterra en México 86

– Un profesor se ocupa de que otros aprendan conceptos, ¿qué aprendiste vos al lado de Diego?

– Desde el punto de vista del entrenamiento específico, me hizo ver cuál era la diferencia entre ser preparador físico y ser preparador de jugadores de fútbol. Hay una anécdota que he contado muchas veces. Fue cuando le hice practicar un test de evaluación para ver sus posibilidades de entrenabilidad ya que venía de la lesión, venía de la hepatitis en Barcelona. Hicimos el famoso Test de Cooper en el Estadio Olímpico de Montjuïc, en Barcelona. Él estuvo de acuerdo en hacerlo, pero cuando terminó, me dijo que eso no servía para nada. Pensé: “me quedo sin trabajo el primer día”.

– ¿Cómo que no sirve para nada? Esto lo desarrolló la Universidad de California, Los Ángeles, el doctor Cooper…

– No, no sirve para nada, -insistía casi sin mirarme y enojado- ¿Cuánto tenía que hacer?

– Y… un jugador de la elite del fútbol mundial, 3.600 metros.

– ¿Cuánto hice?, preguntó enojado y sin mirarme.

– 2.550 metros.

– ¿Y vos cuánto hacés? 

– A mis 32 años, mínimo 3.200.

Entonces se agachó, desde abajo me miró, agarró una botellita y me dijo: – Bueno, entonces el domingo jugás vos. Fue la primera lección después de 10 años de experiencia en Rivadavia. Fue una verdad irrebatible y de una contundencia absoluta. En el fútbol, no es correr todo el tiempo, sino saber correr.

– Si te saco el Mundial 86, ¿cuál fue la mejor versión futbolística de Maradona?

– Lo mejor que vi y debo ser honesto, yo todavía no estaba con él, fue su última etapa antes de la lesión en Barcelona. Yo había llegado no lo conocía personalmente, pero fui un par de veces a verlo jugar al Camp Nou. Una vez fue en un partido contra la Real Sociedad donde hizo maravillas, hay un gol fabuloso en YouTube donde desbordó por izquierda y giró todo el cuerpo como para tirar el centro atrás y se la metió por arriba al arquero Luis Arconada. Este tipo al otro día declaró que Maradona había querido tirar el centro. No había entendido nada. Diego era un genio incomprensible, muchas veces hasta a sus propios compañeros les resultaba difícil jugar porque de pronto pensaban que iba a hacer una cosa y se movían en ese sentido, pero la pelota iba a un lado que él supuestamente pensaba que estaban, porque imaginaba que eran igual a él. Pero ninguno es igual a ellos, a esa clase de jugadores únicos. 

La “aventura” de La Pampa con vistas al Mundial de Estados Unidos 94

– ¿Qué es lo más incomprensible que ha hecho por la camiseta celeste y blanca?

– De todo, hay muchos episodios de esas características. En esos tiempos no había fecha FIFA, se jugaban las Eliminatorias y las competencias de Europa al mismo tiempo, entonces realizaba constantes viajes transcontinentales. Jugaba en Italia, venía acá para ponerse la camiseta de la Selección y volvía a Europa. En 12 días jugaba 5 partidos, una locura. También pasó algo fuerte en la clasificación hacia el Mundial de México 86. Teníamos que jugar con Venezuela de visitante, el día anterior habíamos ido a reconocer el estadio, hacer la última práctica previa al encuentro contra la selección local. De regreso al hotel, estaba firmando autógrafos y vino uno de estos que no sé lo que tienen en la cabeza y le dio un golpe brutal, una patada en la región poplítea de su rodilla derecha. Se le inflamó inmediatamente, entonces se pensó que no podía jugar y él de ninguna manera lo aceptó. Le dijo al doctor Madero que lo infiltrara para ese partido, en realidad casi que lo obligó a hacerlo. Lo jugó y de regreso tenía que jugar contra Colombia.

Entonces hubo una cumbre en el predio de la AFA para evaluar qué hacían con él. Estuvieron el doctor Raúl Madero (médico de la Selección), el doctor Acampora que vino desde Nápoles y el doctor Rubén Oliva que vino de Milán (médico particular de Maradona y médico de la Selección en el Mundial 78). Los dos primeros estaban de acuerdo en que había que operar, Oliva lo revisó y le dijo que no. “No solamente no te vas a operar sino que vas a jugar el domingo”, le dijo. Eran esas cosas que tenía Oliva que era otro Maradona de la medicina deportiva y tuvo razón, jugó el partido contra Colombia y no se operó. Hacía cosas grandiosas por su amor a la pelota, por su amor a la camiseta argentina y por amor a su familia.

– ¿Como la preparación para el Mundial de Estados Unidos?

– También fue una locura haber intentado esa última aventura del ‘94 cuando fuimos a La Pampa y surgió la posibilidad de jugar. Pero era así, no tenía límites, la de él fue una vida exagerada, la vivió como quiso, con un profundo sentido dionisíaco de la vida, le encantaban los placeres que a todos nos encantan, pero nosotros por las convenciones sociales o por los prejuicios, le ponemos freno; pero para él no tenía ningún límite.

– ¿Lo sacaron de aquél Mundial? ¿Lo entregaron como dijiste alguna vez?

– Luego que dio positivo de Efedrina, se realizó la contraprueba que contó con la presencia de Roberto Peidró, médico de la Selección Argentina. Cuando ingresó al lugar del procedimiento, en los tubitos decía la sustancia que se tenía que buscar y eso invalida cualquier tipo de examen porque el protocolo ha sido violado. En los frascos decía textualmente “Efedrina”. No funciona así. A colegas de otras naciones que estaban allí, les dijo: “Este acta no lo firmo porque violaron el protocolo. De ninguna manera puede decir aquí la sustancia que se va a buscar, eso tiene que ser un secreto prácticamente de Estado”. Se enojaron, le exigieron que firmara, discutieron y Peidró se negó rotundamente. Seguidamente se contactó por teléfono con Julio Grondona, presidente de la AFA, y le explicó lo sucedido con cierta alegría porque pensaba que Diego podía seguir en el Mundial. “Julio, la contraprueba está anulada, Diego no puede ser suspendido, porque además un jugador español en un Mundial anterior había dado positivo de la misma sustancia y se lo suspendió por un solo partido…”, le comentó el doctor. Pero del otro lado la respuesta fue: “Ya está, de esto no le digas nada a nadie, ya lo saqué del Mundial”.

Con el tiempo pasaron cosas que ratificaron lo que uno pensaba, sino decime cómo puede ser que un dirigente que encabeza a la única delegación que presentó al único jugador en condiciones antirreglamentarias, sea premiado. Fue muy evidente, casi grotesco, al terminar el Mundial con Diego afuera, don Julio fue nombrado vicepresidente de FIFA y presidente de la Comisión de Finanzas sin saber hablar inglés. No hace falta ser demasiado perspicaz para comprender lo sucedido.

Un abrazo victorioso en el Mundial de Italia 90

– ¿Cómo le dijeron a Diego que estaba fuera del Mundial?

– Esa tarde cuando se confirmó su sanción, estábamos en la habitación contigua a la suya donde estaba durmiendo solo. Llegó Rubén Moschela, administrativo de AFA que había ido a presenciar la contraprueba, donde Diego ya había sido sancionado y sacado del Mundial. Recuerdo que estábamos junto a Marcos Franchi (representante), Daniel Cerrini (acompañó a Maradona en la preparación y le dio la medicación que tenía Efedrina), Adrián Paenza (periodista) y Oscar Ruggeri. Se abrió la puerta y apareció Moschela con los ojos llenos de lágrimas que ya decían todo. Entonces en ese momento le dije a Marcos: “Vamos…”. También se levantó Oscar y fuimos a la pieza de Diego. Él estaba en una cama y yo me senté en la vacía que estaba al lado. Le apoyé la mano como haciéndole un mimo en la espalda y le dije: “Diegucho vamos. Ya está, estamos afuera, nos sacaron del Mundial”. Le dije “estamos” y “nos sacaron” para hacerle sentir que no estaba solo y que no solamente a él lo habían sacado, nos habían sacado a todos los que estábamos con él. “Dale, dale, esto ya está, levántate, date una ducha que estamos en la habitación de al lado”, le dije. Salimos de la habitación porque esa noticia tenía que pasar lo más rápido posible.

– ¿De qué manera lo procesó?

– Salimos, estábamos todos en silencio y de pronto se escuchó un grito desgarrador, de esos tremendos que salen del fondo de las tripas que nos conmovió a todos, después un golpazo… Posteriormente Paenza le hizo la nota de la famosa frase “Me cortaron las piernas”. En definitiva los hipócritas de siempre, los perversos de siempre, otra vez se habían hecho presentes para decir que el poder del jugador llega hasta donde ellos quieren que llegue.

Signorini fue preparador físico de la Selección que disputó el Mundial 2010 con Maradona como DT

– Cuando Diego se fue del mundo de los mortales, muchos lo sufrimos como si fuera la pérdida de un familiar. ¿Por qué? ¿Hay explicación para tanto simbolismo? 

– Primero porque el fútbol es una construcción cultural de las clases populares que nos abraza a todos, y todos de alguna manera soñamos desde pequeños ser grandes jugadores, y muy pocos lo logran. Pero él además elevó el fútbol a la categoría de arte, porque él era un artista con un carisma muy difícil de encontrar en una persona. Diego era como que tenía un aura, tenía como dicen los andaluces, “duende”. ¿Y qué es el duende? Y no se puede explicar, pero es algo que te atrae, es como un imán. Y por otro lado él a través de su arte hizo feliz a millones, no solamente en Argentina sino en el mundo. Fundamentalmente a los chiquitos que por la perversidad del sistema todavía tienen que sufrir lo que sufren en la villa miseria. En la Argentina hay 5.500 barrios, asentamientos y villas para una población de casi 6 millones de habitantes, entre ellos debe haber como mínimo un millón de chicos que no tienen absolutamente ninguna posibilidad de sonreír o de ser felices. Sin embargo, cuando jugaba Diego era la posibilidad de que ellos pudieran el domingo sonreír porque su amigo, Diego, había hecho una travesura y les había regalado ese poquitito de alegría que les mejoraba la vida aunque sea por un instante. 

– ¿Te costó asimilar su despedida? 

– No. No porque en la vida estoy acostumbrado a dar todo lo que tengo, no sé si le alcanza al otro, pero yo doy todo, como para no quedarme con materias pendientes. Entonces cuando se van, esa es la tranquilidad que me queda. Alguien alguna vez me preguntó: “¿Te quedaste con ganas de decirle algo a Diego?”. No, no me quedé con ganas porque todo lo que le tenía que decir, se lo dije; todos los abrazos que le tuve que dar, se los di; y de alguna manera también, algún cachetazo, algún reto, porque para eso estaba.

Él me había llamado, yo no fui a pedirle trabajo, él me puso en mí la responsabilidad de ayudarlo a estar de la mejor manera. Entonces muchas veces pasaba que los “no”, eran no solamente más importantes, sino más convenientes para él que los “sí”. Yo no estaba ahí por ninguna otra cosa que para hacerle bien, para eso él me había llamado. Me sorprendió que pudiera haber vivido tanto con los golpazos brutales que le dio a su cuerpo y no solo a su cuerpo, también a su espíritu. 

– ¿Te preguntaste por qué ese cierre de su vida, con ese entorno? 

– No porque eran elecciones de él. ¿Quién soy yo para meterme en sus elecciones? Me preocupo por las mías y después que cada cual se preocupe por las de él. Muchas veces me lo preguntaron y no soy quién para condenar ni para absolver, para eso está la Justicia y dentro de poco va a ser el juicio. Que actúe la Justicia.

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Por Mauricio Jacob
Desde Crespo
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