Reflexión: Seguridad desde uno mismo

Escrito especialmente por Elizabeth Santángelo de Gastaldi, portavoz de la Ciencia Cristiana en Argentina

“La mayoría de nosotros en el fondo deseamos tener una sociedad sana, que podamos vivir en armonía con el medio ambiente y también dentro de nuestros hogares, en la oficina o en cualquier lugar, y muy especialmente, concordar entre unos y otros. No como una sociedad dividida por sectores, color o nivel social. El concepto de separación es lo que produce la violencia, y para sofocarla es necesario ponernos del lado de la unidad, de la tolerancia y del perdón. Observando el concepto que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ofrece en cuanto a la “salud”, dice que es el estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de enfermedad o dolencia, en su constitución aprobada en 1948. Este concepto se amplía al determinar que “salud es el estado de adaptación de un individuo al medio en donde se encuentra”. En 1992 un investigador amplió la definición de la OMS, al agregar: ‘y en armonía con el medio ambiente’.La salud ha sido considerada no como un estado abstracto sino como un medio para llegar a un fin, como un recurso que permite a las personas llevar una vida individual, social y económicamente productiva. En otro sentido, lograr vencer el estrés que produce la inseguridad frente a cuadros de violencia, cuando vemos que los valores y códigos de convivencia se han perdido, cuando estamos frente el resentimiento y odio generado por la falta de valoración a la vida, considerando que ya no se tienen oportunidades. Este resentimiento lo genera la envidia de no tener lo que tienen otros. Siempre recurro a un libro que me ayuda a entender y a encontrar respuestas a distintas situaciones, basándose en lo que dice la palabra de Dios, y este libro es la Biblia. La mayoría sabe acerca de los Diez Mandamientos, y en especial, el 10º; éste nos habla de no codiciar los bienes ajenos. (Ver Éxodo 20: 17). Cuando se comprende que cada uno tiene las mismas oportunidades, deja de observar el progreso de los demás, y comienza a dar pasos para lograr el propio”.

¿Cómo podemos armarnos espiritualmente para ayudar a restablecer la salud de una sociedad?

Hoy se habla de comprar armas para defenderse de cualquier situación de peligro, pero ¿de qué sirve un arma si tenemos miedo o estamos aterrados? Aquello que sembramos también lo cosechamos. En mi experiencia personal, cuando por el barrio encuentro grupos de jóvenes que están tomando alcohol o fumando marihuana, los observo con verdadera compasión y logro ver en cada uno la inocencia. Es más, aunque no los conozca saludo en forma general, y ellos siempre responden con un “hola”. En otra oportunidad llevaba las bolsas del supermercado colgadas de las manijas del coche con mi bebé y era todo muy pesado; percibí que unos jóvenes venían con la intención de robo. En ese momento me surgió la idea de pedirles ayuda para subir el cochecito a la vereda. Uno de ellos vino dispuesto a ayudarme y le agradecí, agregando: “sos un ángel”. No olvidaré nunca la expresión de sus ojos, su rostro se iluminó.

Estas actitudes de parte nuestra son apenas un granito de arena pero que contribuyen al bienestar y valoración de los demás. Es provechoso aceptar que tenemos todos el mismo origen espiritual; somos hijos de un mismo Padre-Dios, la naturaleza del bien único. A partir de un cambio mental, logramos clasificar la calidad de nuestros pensamientos, y orientarlos a una mejor calidad de vida, libre de todo resentimiento, venganza o desamor. Esta es una buena alternativa para encontrar respuestas a la salud física, mental y emocional, y de esa forma contribuir con la seguridad y bienestar de nuestra sociedad”. Elizabeth Santángelo de Gastaldi, portavoz de la Ciencia Cristiana en Argentina.

 

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