Reconexión auténtica: El Lic. Sigvardt reflexionó sobre cómo recuperar el sentido de identidad en la era digital

El Lic. en Educación Carlos Sigvardt, habló sobre los efectos que puede causar la virtualidad en nuestros jóvenes e invita a conectar con la realidad: “Con el uso casi permanente de los dispositivos por parte de los jóvenes podemos advertir una especie de despersonalización, el poco conocimiento de sí mismo y de su entorno real, familiar, escolar y social. La competencia entre virtualidad y realidad es como un juego de ‘tire y afloje’, las redes, juegos, metaverso, pueden ser súper atractivos, pero la realidad ofrece conexiones auténticas, emociones profundas y experiencias únicas”.

“El Smartphone es la aguja hipodérmica de hoy, que administra la dopamina digital las 24 horas del día, los 7 días de la semana, para una generación conectada. Las redes sociales exacerban la inseguridad de la adolescencia, un período en el que ya de por sí, se siente una enorme preocupación por la posibilidad de verse en el ostracismo y por lo tanto, esto ha hecho que se tienda menos al modo descubrimiento del mundo real y más al modo de defensa del mundo virtual. Los perjuicios fundamentales son: privación social, falta de sueño, fragmentación de la atención y adicción”.

La virtualidad y la sociedad indiferente, pueden contribuir a la despersonalización de varias maneras, sobre lo cual, Sigvardt detalló: “Las redes sociales y los dispositivos móviles nos bombardean con información y estímulos, lo que puede hacer que nos desconectemos de nuestros sentimientos y pensamientos reales. También fomentan la comparación constante con otros, lo que puede llevar a sentirse ‘no suficiente’ o desconectado de uno mismo… Pasar mucho tiempo interactuando con pantallas puede reducir el contacto cara a cara con personas reales, lo que puede afectar la empatía y el sentido de conexión auténtica. Mientras tanto, la sociedad puede presionar a los jóvenes a presentar una imagen ‘perfecta’ en línea, lo que puede generar una desconexión con su verdadera identidad… La misantropía (desconfianza a la humanidad) podría ser un efecto de la despersonalización. Por un lado, si alguien se siente desconectado de sí mismo, podría empezar a ver a los demás como distantes o poco genuinos, lo que alimenta la misantropía”.

Destacó que “un niño que solo mira pantallas deja de mirar la vida” y ante esa problemática, planteó “fomentar relaciones auténticas: promover encuentros cara a cara, sin pantallas de por medio. Actividades grupales, voluntariados o simplemente compartir tiempo con amigos y familia pueden fortalecer vínculos genuinos y combatir la soledad; actividades que promuevan la creatividad y el contacto con uno mismo: animar a los jóvenes a explorar hobbies como pintura, música, escritura o deportes al aire libre, que ayudan a desconectar del ruido digital y conectar con sus pasiones y emociones”.

“En la Escuela debemos desarrollar el pensamiento crítico, puede ser un gran antídoto contra la despersonalización; cuestionar lo que ven en las redes sociales, la publicidad o la información que reciben. ¿Es real? ¿Es manipulado? ¿Qué hay detrás? Analizar sus propias creencias, ayudándolos a identificar por qué piensan de cierta manera y si esas creencias les sirven o les limitan; incentivar a explorar temas, leer diferentes perspectivas y no quedarse con la primera respuesta; practicar la empatía y la escucha activa, entendiendo otros puntos de vista sin necesariamente estar de acuerdo; invitar a pensar generando el deseo de aprender, para tener su propio conocimiento, revirtiendo la pereza cognitiva; advertir los cambios y con creatividad salir adelante; utilizar la meta cognición para aplicar lo aprendido para beneficio propio en diversas situaciones”.

“Los adultos no escapamos a esta problemática, por lo que también debemos revertirla, para que con el ejemplo podamos ayudar a nuestros niños y jóvenes”.

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