¿Qué hacer frente al creciente descontrol de jóvenes alcoholizados en Crespo?

Los nuevos parámetros de una parte de la juventud de esta ciudad a la hora de divertirse es beber alcohol en exceso, protagonizar exhibiciones obscenas o peleas, correr picadas, evadir todo tipo de controles policiales o municipales, entre otras inconductas, las que este medio tratará de analizar con quienes entienden sobre esta problemática. El fin de semana pasado, una vez más Crespo se vio envuelta en un intenso movimiento de personas, oportunidad en la que algunos adolescentes y jóvenes aprovecharon para realizar “vivezas”, que molestan, perjudican y hasta lesionan a quienes tranquilamente circulan por la ciudad. Recordando lo sucedido en el fin de semana anterior, ya alrededor de las 18.00 del sábado 5, la comisaría recibió numerosos llamados de vecinos que daban cuenta del accionar imprudente y temerario del conductor de un Ford Falcon gris, deteriorado y sin chapa patente, que circulaba en la zona céntrica. Personal de la Subdirección municipal de Tránsito y Seguridad Vial en conjunto con una dotación policial, detuvo la marcha del mismo en Belgrano y San Martín, en circunstancias en que realizaba maniobras riesgosas para sí y para terceros, constatándose que era guiado por un joven de apellido Carruccio (18), domiciliado en esta ciudad. En atención a lo constatado, se practicó la retención preventiva de la unidad, quedando a disposición del Juez de Faltas local. Vecinos de barrio San José manifestaron a este medio haber sido testigos del extenso llamado de atención y de la rigurosa advertencia que las autoridades le habían realizado durante la tarde, cuando circulaba a alta velocidad por calle Kaheler. Pero eso fue sólo el comienzo, del colapso que sufrirían ambas reparticiones públicas horas más tardes. El hecho más grave acaeció a las 23.45, en Los Constituyentes y Los Andes, lugar donde Nahuel Nicolás Weber (18), domiciliado en Malvinas s/n de Crespo, fue socorrido por la policía cuando se encontraba sentado con la cara ensangrentada, a metros de su motocicleta Garelli 50 c.c., color roja. El muchacho dio cuenta que minutos antes mientras circulaba por Los Constituyentes, en sentido este-oeste, al pasar la bocacalle perdió el control de la unidad, cayendo al suelo y dándose un fuerte golpe en la cabeza. Si bien los exámenes clínicos y de laboratorio lo determinarán, podría presumirse en principio por ciertas características, que la importante ingesta de alcohol posiblemente le haya hecho perder el equilibrio. En forma inmediata se solicitó la presencia de una ambulancia, la que posteriormente trasladó al joven hasta el Hospital San Francisco de Asís, desde donde se lo derivó al Hospital San Martín de Paraná, en virtud de la gravedad del traumatismo diagnosticado. Una vez ingresado al nosocomio de la capital entrerriana, se determinó que el joven presentaba una fractura en la base del cráneo, permaneciendo aún internado y con estado reservado.

Cinco colisiones se sucedieron en esa noche, con una mínima diferencia horaria entre sí, aunque no todos sean por efectos del alcohol. Pero mientras se encadenaban los pedidos de colaboración por distintos siniestros, los inspectores de tránsito encabezaban un operativo de control en Avda. Belgrano y Otto Sagemüller, donde labraron algunas infracciones, pero muchos aceleraban y se fugaban haciendo caso omiso. En ocasiones ante esta actitud, fueron perseguidos por la policía motorizada, pero cabe recordar que dicha fuerza se encontraba paralelamente abocada a la captura de las “mecheras” y la consecuente tarea de establecer quiénes eran los propietarios de los elementos secuestrados, para proceder a su devolución, labor que sí hace a la seguridad propiamente dicha.

Pero ¿qué lugar ocupan en este contexto los padres y las familias?, ¿hasta dónde llegan los permisos?, ¿cualquier comportamiento es aceptado?. Tiempo atrás, el Lic. en Psicología Francisco Rodríguez, especialista en la atención de problemáticas adolescentes, en diálogo con El Observador explicó: “Ser padres es asumir un rol diferenciado al del hijo y debemos ejercerlo durante toda la vida, más ahora que prevalece la adolescencia tardía, donde jóvenes que están casi en los 30 años viven con sus padres y dependen económicamente de ellos. Se puede tener cierta condición de confianza, pero los padres jamás seremos amigos de nuestros hijos, porque estarían trastocados los roles. Los progenitores no son pares, sino existe una confusión que complica la relación, porque si estoy a su mismo nivel, después ¿cómo le voy a imponer las normas a mi hijo? Si un adolescente no puede obedecer a su padre, difícilmente tenga esa actitud con los de afuera. Hoy el progenitor no le dice a su hijo que se ponga el casco, pero le exige al inspector municipal que le haga una multa porque no lo usa y algunos después se enojan porque se la impusieron. No le dice que no debe tomar alcohol, pero le pide a los dueños de locales bailables que no le vendan ese tipo de bebidas y son indiferentes al estado en que vuelven los chicos al hogar al día siguiente. Es decir, hay una condición que se da a nivel social, que es la búsqueda de los padres de poner límites externos. Piden que la norma, la regla y el límite lo pongan afuera, porque hay una dificultad de hacerlo desde el seno familiar…”.

El problema está en exigir un Estado que imponga orden a rajatabla y proclamar un sistema que respete amplias libertades, dos extremos imposibles de fusionar. Probablemente esto se esté reflejando en los fines de semana crespenses, donde existe un grupo poblacional que desborda límites, porque hay un vacío legal en algunas cuestiones, falta de personal designado a ciertos controles como el expendio de bebidas alcohólicas o en el horario de cierre de los locales bailables, pero fundamentalmente, padres pasivos a la hora de educar a sus hijos, que incluso desacreditan a quienes intentan corregirlos…

 

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