Padre Haller: “Está en crisis la fe y la familia”

El Seminario Arquidiocesano de Paraná “Nuestra Señora del Cenáculo”, se levanta en uno de los puntos más elevados de la capital entrerriana. Posee una visión de privilegio hacia la ciudad que crece a sus pies. Nacido como institución en 1899, actual predio fue inaugurado en 1952, hace exactamente 60 años. Sus raíces van más atrás aún, con el trabajo llevado a cabo por los Jesuitas en 1874 en el denominado Colegio “Inmaculada Concepción de Santa Fe”. Su tarea es formar humanamente a aquellos jóvenes que recorren sus pasillos y orientar a quienes sienten el “llamado” para servir a Dios, un concepto que ciertamente ha disminuido por estos años.

El Padre Mario Haller, actual rector de la entidad, dialogó con El Observador sobre ciertos aspectos de su funcionamiento y de las problemáticas que aquejan principalmente a la familia como institución.

– Está al frente de un lugar con historia centenaria…

– La Diócesis de Paraná es la quinta del país. Cumplimos 150 años en 2009. A días de su nacimiento, se comienza a pensar en la fundación del Seminario. Esto se materializa 40 años después en la edificación de lo que comúnmente se llama el “Seminario Viejo”. Se trata de lo que actualmente es la Facultad de Ciencias Económicas. Posteriormente con Monseñor Guillén, se trasladó al lugar que ocupa por estos días. La piedra fundamental se coloca en el ‘39 y se inaugura en el ‘52.

– ¿Sigue funcionando el Seminario Menor?

– Sí, es muy particular porque los seminarios menores en el país han decrecido. Este es el segundo en número después del de Rosario. Prácticamente no quedan salvo estos dos que digo y algunas experiencias en el resto de Argentina. La formación que ofrecemos, siempre ha tenido el acento humanístico con todos los cambios y modificaciones que se van efectuando.

– ¿Por qué las vocaciones sacerdotales están siendo escasas?

– El problema es amplio. No solamente se trata de vocación sacerdotal, hoy está en crisis la fe y la familia. El sacerdocio no se entiende si no es desde una perspectiva de fe, nadie va a consagrar una vida si no cree en serio. Una respuesta para elegir este camino, supone percibir en la fe ese llamado y responder desde y para la fe. La crisis está en todo el mundo. Se trata de una crisis de fe que ha causado la disminución de las vocaciones. Es un fenómeno actual y seguramente será reversible.

– ¿Cómo está la estructura de la familia en ese contexto?

– La mayoría de las vocaciones de hace 50 años, provenían de familias católicas bien constituidas. Prácticamente nacían y crecían con esa enseñanza y esos principios bien consolidados. Había familias enteras entregadas a Dios, tal es un caso de Aldea Santa María, donde había 4 hermanos sacerdotes y 4 hermanas religiosas. Ahora eso es impensable, quizás sea la otra cara de la moneda en la que una vocación está más relacionada a un discernimiento personal.

– ¿Qué conceptos intentan aplicar a la persona que atraviesa el camino rumbo al sacerdocio?

– Evidentemente tiene que ser una persona que haga un camino de fe, madurando en su elección hacia Dios y hacia la Iglesia. Antes que se incline por esa opción, si no tiene claridad al respecto, intentamos igualmente que se fortalezca el sentimiento hacia estas creencias. Naturalmente la elección es mucho más que un sentimiento, debe trascender y tener una convicción muy profunda, descubrirse llamado por Dios para luego comprometerse y ponerse a disposición de la Iglesia para el servicio de la evangelización. Esto no es tan sencillo, sino que debe ser acompañado con pedagogía, para eso hay un largo camino a recorrer.

– ¿Qué evaluación hace de los últimos acontecimientos que van en contra de los principios de la Iglesia como el matrimonio igualitario o el aborto legal?

– Los observamos con el espíritu crítico, con el análisis que requiere la situación. Hace poco nos visitó el Dr. Laferriere y la Lic. Frank de Buenos Aires, quienes fueron los peritos para los obispos en la redacción del documento que salió con ocasión de la reforma del Código Civil. Al respecto el Dr. Laferriere hacía mención a que debíamos ser conscientes de lo que significará el cambio para la sociedad si esto llegara a suceder, sobre todo en el seno de la familia. La Iglesia siempre ha tenido y tendrá este desafío de evangelizar aunque la cultura esté hecha o desecha. La Iglesia es maestra en humanidades. Debemos continuar con nuestra labor sin desanimarnos. La obra no es mía solamente, sino que es de Jesucristo que nos asocia a su trabajo, de manera que debemos dar una respuesta a la Argentina de nuestra época, con esfuerzo y aliento, sin mirar para otro lado. Comprometiéndonos, esta es la santidad en el tiempo que nos toca vivir, somos del siglo XXI con todas las luces y sombras de esta sociedad.

 

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