Murió un conocido antenista de Paraná tras un accidente en Villaguay

OrtegaCuando alguien pedía que le recomendaran un antenista, el nombre de “Bébe” Ortega, aparecía ineludiblemente. “Empecé a trabajar de muy joven, como cadete, hace 40 años, con una empresa de Paraná, que vendía artículos del hogar. Después pasé a ser torrista, que es la persona que levanta las torres, tipo de televisión”, decía hace un tiempo, Héctor Roque “Bébe” Ortega, de 56 años, al programa Buenas Noches, que había decidido retratar su vida y su dedicación inquebrantable al trabajo.

 

“Pase luego a la parte de comunicaciones, y así seguimos, cada vez más alto, hasta que llegamos a alturas de 140 ó 180 metros, con torres de empresas de comunicación, grandes”, agregaba.

 

A su vez, Bébe había expresado: “Yo hago comparaciones, si uno se compra una moto, va tranquilo, manejando, porque no te va a pasar nada, hasta que te puede pasar. Con el torrista pasa lo mismo, tiene que tener confianza en sí mismo, decir `yo subo y no me va a pasar nada´. Si lo hacés con miedo, o con vértigo, entonces no subiría nadie”.

 

“Es un trabajo como cualquier otro, sino que tiene su pequeño riesgo”, aseguró Ortega.

 

Mencionó que en momentos de tormenta, el trabajo “se acrecentaba, ya que “la gente se desesperaba por ver la novelita, querían tener rápido restablecido el servicio”.

 

Ortega comentó que su trabajo “nunca” se acababa; que en algún momento se pensó que “con la llegada de más tecnología” se iba a terminar la labor del torrista, “pero no fue así”. Si bien “llegó el cable y al torrista se le achicó un poco el trabajo”, luego llegó el auge de “las comunicaciones, con radioaficionados, el VLU equipo con el que se comunican a mayor distancia, y después siguió con el VHF, y el UHF”.

 

“No se termina nunca, ahora está la banda ancha, y las reparaciones que hay que hacer”, consideró.

 

Desde el martes pasado, Bébe luchaba por su vida, luego de sufrir un grave accidente: cayó de una antena, desde unos 36 metros, en Villaguay. Desde allí, fue trasladado a Paraná con graves lesiones, donde los esfuerzos fueron ingentes; este jueves dejó de existir.

 

“El torrista que se inicia como tal, tiene que ser una persona que no le tenga miedo a las alturas, que tenga confianza en sí mismo. Para esto no hay un curso, no se puede decir `voy a una escuela para ser torrista´”, reconocía Ortega a Buenas Noches. El oficio se aprende “en la práctica”.

 

Miedo no se puede tener, aseveraba, “siempre he hecho coraje con lluvia y viento y he subido”, acotaba.

 

Bébe siempre tuvo en cuenta el factor de seguridad, fue muy cuidadoso en su labor y sumamente metódico; con muchos años de experiencia supo aprender las “mañas” del oficio y las ha sabido transmitir sin guardarse nada.

 

“Si no subo es porque se trata de una torre de muchos años, que está muy deteriorada u oxidada. Luego tomo precauciones o la reforzamos, pero sí o sí hay que subir”, definía, este incansable trabajador, cuya vida, este jueves, se extinguió, consignó Elonce.

 

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