Más historias de Crespo: Hoy, Juan Carlos Márquez, su aporte a las instituciones y sus 60 años de trabajo

Juan Carlos Márquez es propietario de una reconocida tienda desde hace más de 3 décadas en Crespo. Antes, durante 30 años, trabajó en diferentes secciones de “La Agrícola Regional” de esta ciudad. Pero además de lo laboral y como comerciante, se lo reconoce por su valioso aporte a las instituciones, en especial en el Hogar de Ancianos del Hospital “San Francisco de Asís”, donde dejó su huella: “Fue el lugar ideal donde pude ayudar. A las instituciones uno tiene que ir, donde realmente pueda aportar algo, no solamente para figurar. Con los dirigentes que estaban en ese momento, se lograron muchísimas cosas que el Hogar carecía, como por ejemplo la llegada del gas natural. Con ‘Yiye’ Waigel, hicimos enormes gestiones para conseguirlo, hasta llegamos a la Gobernación, porque se pedía, se pedía y nunca se concretaba. Y lo logramos y así, hubo otros tantos proyectos concretados” dijo Juan Carlos en el comienzo de la charla con El Observador.

“Siempre digo que es bueno regalar un tiempo a las instituciones, porque hace bien. Y más en el Hogar de Ancianos, donde hay que brindar cariño, afecto, contención y protección a los queridos ‘viejitos’. En ese equipo de trabajo estaba Juanita Hess, la señora Schymanski, Daniel Klippan y otra tanta gente muy valiosa. Lo que uno proyecta hacia los demás es lo que uno interiormente tiene y lo que ha recibido. Pero si no tenés amor hacia las personas, no lo podés hacer”.

Márquez comentó que antes de abrir su comercio, “trabajé en LAR durante 30 años. Estuve en la Ferretería, en Administración, en la tienda. Hasta que llegó el momento que pensé que era una etapa concluida, me independicé y comencé con mi propio emprendimiento, que lleva ya más de 30 años. Toda mi vida trabajé. De chico incluso, vendí diarios, tortas, corté pasto, para poder ayudar a mi ‘vieja’ que era lavandera”.

En la entrevista, precisamente habló del legado que le dejó su mamá María: “Una gota de agua no hace nada frente a una piedra, pero la suma de gotas, horadan las piedras más duras. Ella fue una gran mujer. Y en mí se han sumado esos sentimientos y valores que tenía y que se fueron acrecentando: el dar, el compartir, el no querer demostrar algo que no se tiene, sino ser tal cual como uno es. Ella se esforzaba mucho para que a nosotros no nos faltara nada, pero lo que más aprendí de mi mamá fue su solidaridad. Recuerdo que era chico y después de su jornada laboral, pese a su cansancio, preparaba mate cocido a la tarde y los gurises del barrio, de todos los estratos sociales, venían al ranchito de María, que estaba donde tengo hoy el negocio. Cada uno traía su galleta. O lo que había en mi casa, ella lo compartía. Son lindos ejemplos que me dejó. Cuando entré a trabajar en ‘La Agrícola’, le pedí que deje de trabajar. A partir de ese momento, ella tuvo todo lo que necesitaba, que era lo que merecía por tanto esfuerzo…”.

“Estoy muy agradecido a la gente que me ha acompañado en estos 30 años. Hoy estoy atendiendo a hijas y nietas de mis primeras clientas. Es un halago que vengan” y sobre sus proyectos comerciales, mencionó que “la idea siempre es mejorar, renovarse, crecer, pero dadas las circunstancias actuales, uno se tiene que conformar con mantenerse. Las ganas de continuar siempre las tengo, pero todo depende de lo que Dios disponga…”.

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