Luego de 30 años de vocación y servicio en la docencia, la Prof. Griselda Alarcón recibió la jubilación: “El Instituto Comercial Crespo es mi casa”

Por el “Instituto Comercial Crespo”, en sus 68 años de vida institucional, han pasado miles de alumnos y cientos de docentes que dejaron su impronta. En esta nota rescatamos la historia de la Prof. Griselda Alarcón o simplemente “Gry”, como le dicen sus alumnos, quien luego de 30 años de servicio en dicha entidad educativa y en otras escuelas de la ciudad y zona, recibió el beneficio de la jubilación.

Griselda nació en Nogoyá, vivió en Lucas González, Rosario del Tala, Paraná y desde 1987 se radicó en Crespo, donde formó su familia y empezó su carrera docente: “Mientras cursaba el secundario, conocí a Ester Rojkis, quien era mi profesora de Matemática. Ella me ayudó y apuntaló en mis primeros pasos como docente. Cuando estaba aún en el Profesorado, me llamó para que les explique a los alumnos del nocturno del ICC, sobre la parte financiera, estadística y demás. Ese día, me recibió la vicerrectora, Amalia Elsasser de Schmidt, también profesora de Matemática, quien me vio desenvuelta frente a los chicos y días después con la autorización de la Rectora, Griselda P. de Jacob, me invitaron a ser ayudante de cátedra, acompañando a Ester. Luego me llamaron para dar clases y ahí empezó todo. Recuerdo muy bien ese primer día: me tocó dar un tema nuevo. Eran 54 chicos en el curso, así que me fogueé de entrada” dijo en amena charla con El Observador.

De esos comienzos, también agradeció el apoyo de Daniel Perotti, quien junto con la Prof. Rojkis “siempre me acompañaron”: “Puedo decir que el ICC es mi casa, donde empecé y terminé mi carrera, pasé momentos hermosos allí. En 1999 me sumé también al turno diurno, así que hubo días que arrancaba a las 7.15 de la mañana y terminaba a las 11 de la noche. En 1997 hice una suplencia en la Escuela Técnica de Seguí y también trabajé 4 años en la Escuela 74 ‘Walter Heinze’, por supuesto sin dejar el ICC. Además de que me encantan los números, me gusta mucho el tema de reflotar los valores, de la solidaridad, respeto, compartir. Mi costumbre era arrancar el mes con un texto de valor. Lo leíamos con los chicos, analizábamos y sacábamos reflexiones”.

Días pasados, por su jubilación, sus colegas le realizaron un agasajo, sobre lo cual dijo que “fue una gran emoción, les agradecí mucho; me siento muy halagada por mis ex compañeros docentes, por mis ex alumnos y sus padres. Siempre traté de dar lo mejor, siguiendo los valores que me inculcó mi papá, que es un legado que lo llevé como estandarte siempre, tanto para mis hijos como para mis alumnos. Y creo que las cosas no las he hecho tan mal, dado la devolución que he tenido”.

Desde sus inicios estuvo relacionada con las Olimpíadas de Matemática: “Al principio preparaba chicos, después me aboqué más al aspecto organizativo, como delegada zonal, acompañando primero a Ester (Rojkis) y luego a Claudia Kemerer. Hoy continuo, pero en la parte de ‘Matemática y Literatura’, donde soy jurado nacional. Siempre alentamos la participación en estas instancias, porque para los alumnos, si bien es un hobby, los prepara para un futuro. ‘Abre’ la cabeza, te hace ver desde otro plano la Matemática”.

No dudó en afirmar que a esta profesión “ya la elegí cuando estaba en 1º grado. Pasé toda mi etapa estudiantil analizando mis docentes, qué es lo que me gustaba tomar de ellos y qué no quisiera repetir. Recuerdo que en 2020, le hicieron una entrevista a Nadia Bernhardt, joven profesora de Matemática y ella mencionó que eligió esta carrera en función de lo que yo le transmití. Fue un gran halago y también una gran responsabilidad. Hoy es una de las ‘profes’ que tomó mis horas. Siempre digo que ‘es mi pichona’, es una gran docente”.

Como reflexión final mencionó: “Esta es una carrera que tiene mucho de vocación, es un trabajo con el que no te vas a hacer rico, pero vas a ganar en otros aspectos. Para ser docente hay que sentirlo. Y siempre tratar de dar lo mejor, a veces se logra y otras, no. Y una cosa que siempre hice fue escuchar a los chicos, que necesitan que les presten atención. Si uno quiere tener su cosecha hay que sembrar y la verdad que lo que estoy cosechando en este período, me mima el alma”.

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