La “Scaloneta” y una nueva lección fuera de la cancha: ¿La esperanza también se entrena?

La Selección Argentina volvió a ofrecer una enseñanza que trasciende el fútbol, tras su reciente épica victoria sobre Egipto, tras ir perdiendo 2 a 0 hasta faltando pocos minutos para terminar el encuentro. 

Sebastián Blasco, director de la Diplomatura en Psicología Deportiva de la Universidad Austral, destacó que este último partido del equipo de Leonel Scaloni, dejó una reflexión que puede trasladarse a la vida cotidiana, el trabajo y los vínculos: el valor de la esperanza. El profesional mencionó: “Ya conocemos las bondades de la ‘Scaloneta’. Durante estos 8 años, esta selección nos mostró un camino que trasciende al fútbol y que puede representar una guía para nuestros trabajos, nuestras familias y nuestros vínculos. Mucho se habló de la asertividad comunicacional del entrenador, la solidaridad del equipo, la inteligencia emocional, la integración de los vínculos familiares y el clima de trabajo distendido que supieron construir. También de deportistas que dejaron de lado sus egos para disponerse al encuentro del otro, que ponen en palabras lo que sienten, que se acercan afectivamente y que se muestran como personas accesibles y humanas”. Sin embargo, considera que el encuentro más reciente sumó una enseñanza diferente. “Este martes, casi sin buscarlo, nos regalaron una lección más: la decisión de seguir buscando hasta el final, aun cuando todo parecía indicar que ya no había tiempo. No siempre esa búsqueda tendrá un desenlace victorioso. Muchas veces el esfuerzo no alcanzará, el gol no llegará y el resultado será adverso. Pero hay algo profundamente valioso en no renunciar antes de tiempo… Vivimos en una época donde muchas veces confundimos esperanza con optimismo. La esperanza no consiste en creer que todo va a salir bien, sino en seguir actuando aun cuando no tenemos garantías de que eso ocurra. Es elegir no darse por vencido, sostener el compromiso hasta el último segundo y permanecer disponibles para aquello que todavía puede suceder…”. 

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