La consulta ginecológica para encausar una vida sexual sin riesgos

Para la mayoría de quienes atraviesan la bisagra de la niñez y la adolescencia, la primera consulta ginecológica despierta temores, dudas y bastante pudor, que se van disuadiendo a medida que avanza el grado de confianza con el médico. La precocidad con que se concrete el cuidado de la salud reproductiva, como así también la peridiocidad con que se efectúen los controles, resultan fundamentales para evitar enfermedades y trastornos complejos. Muchas jovencitas llegan al consultorio por primera vez acompañadas de su madre, de una amiga o solas, pero para tranquilidad de las nuevas pacientes, en cualquier caso prevalece el concepto de estricta confidencialidad.

La Dra. Ingrid Wensell, del Servicio de Ginecología y Obstetricia del Sanatorio Adventista del Plata, dijo a El Observador que “se recomienda que la primera consulta surja entre los 13 y 15 años. La misma puede consistir sólo en una conversación muy puntual entre el especialista y la paciente, de manera amena, para que se eliminen apropiadamente los nervios que ésta pueda experimentar ante lo desconocido y más aún tratándose de su intimidad. En la consulta es normal que los médicos realicemos preguntas muy personales, referidas al período menstrual o a la actividad sexual, porque esas respuestas nos posibilitan determinar qué estudios o procedimientos serán necesarios incluir en la evaluación. Es muy probable que ya en la primera consulta se hagan algunos exámenes habituales, como el chequeo físico general, que incluye la medición de la estatura, el peso y la presión arterial; el examen mamario, mediante la palpación de los senos, para detectar cualquier indicio de trastornos y el control pélvico, que se realiza sólo a aquellas mujeres que ya hayan tenido relaciones sexuales. Se examina la vagina con la ayuda de un espéculo y los órganos internos con una mano enguantada. Es posible que una enfermera o un auxiliar médico esté presente durante el examen y si la paciente lo desea, obviamente que puede estar acompañada, si eso la hace sentir más cómoda”.

La profesional comentó que las consultas que realizan quienes afrontan su primera experiencia en el cuidado de esta rama de la salud son mayormente comunes y se focalizan en lo concerniente a situaciones que para ellas resultan novedosas y les despierta curiosidad, pero que en general forman parte del crecimiento normal. En ese sentido, enumeró los problemas relacionados a los períodos menstruales, el aumento de peso, los cambios en el estado de ánimo, el uso de anticonceptivos, las enfermedades de transmisión sexual y aseguró que profesionalmente buscan brindar la información apropiada para que las jovencitas encausen bien su sexualidad. “Hablar de todos estos temas con el médico ginecólogo de confianza es imprescindible para estar bien en el aspecto reproductivo, porque la correcta información disminuye los riesgos a los que están expuestas. Aunque la mayoría de las mujeres jóvenes gozan de buena salud, debemos tener presente que los problemas surgen a menudo como resultado de comportamientos de alto riesgo, como tener relaciones sexuales sin protección, beber mucho alcohol o consumir drogas. Siempre les recomiendo a mis pacientes que mantengan un estilo de vida saludable, porque es la manera de conservar por muchos años sus órganos en buen estado y funcionamiento. Es importante que no fumen, que cuiden su peso con una dieta bien equilibrada, que realicen actividad física frecuente y que ante el inicio de las relaciones sexuales, pidan orientación seria. Socialmente la mujer tiene un rol muy importante que tiene que ver con dar vida, justamente por los dones y cualidades que Dios nos ha dado y es nuestra responsabilidad mantener el cuerpo y la mente en buenas condiciones, para vivir sanos y felices”, dijo Wensell.

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