Historias y relatos de Crespo: Hoy Silvia Decoud, sus logros en el deporte, su reconocida trayectoria profesional y el aporte a instituciones

En este ya clásico ciclo de entrevistas de El Observador con historias y relatos de deportistas, dirigentes y profesionales de Crespo, dialogamos esta semana con Silvia Decoud, quien construyó una gran trayectoria deportiva y profesional. La misma la inició a partir de una vocación temprana por el atletismo y de un compromiso que luego se amplió hacia la salud y la inclusión.

“Empecé a entrenar cuando tenía 6 ó 7 años, primero en el predio del Ejército y luego, en el Campito Yapeyú”, recordó en el inicio de una emotiva charla con este medio. En ese momento, fue bajo la guía de su tío, el reconocido entrenador Adolfo Decoud, a quien definió como una figura clave en su formación. “Fue un gran referente, nos enseñaba valores, no solo a competir. Él se dedicó durante casi 50 años al deporte, ad honorem y a veces poniendo plata de su bolsillo para que algunos de los chicos pudieran tener un calzado y hacer atletismo” rememoró. “Mis primeros torneos fueron en Nogoyá, Paraná, además de los que se hacían en Crespo, íbamos todos contentos por ir a competir y a compartir una jornada deportiva con atletas de otras ciudades, con los cuales hasta hoy seguimos teniendo comunicación” expresó Decoud, quien formó parte de una “generación de oro” para el atletismo de Crespo, a finales de los años ’80. “En ese tiempo hubo un grupo de atletas que representó a la provincia y a Argentina, también ya venía atrás un semillero que era prometedor y ellos, años después, fueron grandes atletas y le dieron muchos logros deportivos a la ciudad”.

En el plano competitivo, Silvia fue varias veces campeona entrerriana y nacional en lanzamiento de disco y jabalina, además de integrar la Selección Argentina: “Tuve la posibilidad de competir en Brasil y en Chile subirme al podio de un Sudamericano”, subrayando el esfuerzo colectivo que implicaba sostener la actividad en aquellos años. “Todo se hacía a pulmón: con ventas de rifas para comprar los elementos y también fue destacado el trabajo de las comisiones de Padres. No había una estructura como existe hoy”.

Tras su retiro del alto rendimiento, decidió continuar su formación académica. “Siempre supe que quería seguir ligada al deporte, pero desde otro lugar”, afirmó. Luego de egresar como perito mercantil en el Instituto Comercial Crespo, se radicó en Corrientes, donde se recibió de Licenciada en Kinesiología y Fisiatría, con orientación en Deportología. A su regreso a Crespo, comenzó a desempeñarse profesionalmente, acompañando a deportistas en procesos de rehabilitación integral. “No se trataba solo de recuperar una lesión, sino que pudiera volver realmente a competir”, remarcó.

Con el nacimiento de su hijo “Pancho”, diagnosticado con Síndrome de Angelman, “hice un cambio en mi profesión, ya que orienté mi carrera hacia la neurorehabilitación pediátrica y las terapias acuáticas. Lógicamente me formé, porque sentía que necesitaba herramientas para ayudarlo y después entendí que podía ayudar a muchos más”. Esa búsqueda la llevó a capacitarse incluso con expertos del exterior y a desarrollar un centro especializado, que es referencia en la provincia.

Ese trabajo, le permitió tener reconocimientos, entre ellos, un premio obtenido en el Congreso Latinoamericano de Fisioterapia Acuática 2024, en Santiago de Chile. “Fue muy significativo para mí, porque después de casi 40 años de mi mejor logro deportivo, en dicho país, allí también tuve este reconocimiento profesional, por un trabajo de investigación, que lo hice en mi centro y con una técnica que yo misma llevé adelante”.

Silvia mantiene un vínculo permanente con la Escuela de Educación Integral Nº 11, institución a la que asistió su hijo: “A nosotros como familia, es una institución que nos dio tanto, desde el acompañamiento profesional, educativo, personal y estuvo siempre abierta a nuestras propuestas. Y fue en ese momento que con mi marido (Héctor Scrosoppi) también nos sumamos como colaboradores de ACADME. En lo que se necesitaba trabajar, ahí estábamos e integré además la Subcomisión de Equinoterapia. A pesar de que Pancho egresó ya de la escuela, seguimos ayudando”.

Aunque hoy se encuentra alejada de la competencia, aseguró que mantiene un lazo emocional intacto con el atletismo y con el Campito Yapeyú: “Siempre me mantuve ligada de alguna manera al deporte, participé en el equipo de maxi básquet en la ciudad y cuando se disolvió acá, me fui a jugar a Quique de Paraná y estuve representado a Entre Ríos en los nacionales. No volví al atletismo como deportista. Hasta el día de hoy es como que a veces me dan ganas de regresar, así que la puerta siempre está abierta” expresó.

Finalmente, reflexionó sobre el valor del deporte, en especial para los niños y jóvenes: “Soy una enamorada y apasionada de la actividad física. Los padres, tienen para sus hijos una gran herramienta en el deporte, porque los forma en el respeto, la tolerancia, en darle el lugar al otro cuando le corresponde, en ser empáticos. Te forma en valores, ser fuertes, manejar la frustración, porque no importa si uno no gana, hay que seguir intentando, entrenando, porque va a venir una nueva oportunidad. Con buenos formadores, todos esos conceptos, sin dudas que les van a servir para toda la vida”.

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