Historias del comercio de Crespo: Hoy, Catalino Fulquín, más de 50 años en la gastronomía

Catalino Fulquín (77 años) tiene una destacada trayectoria en el rubro gastronómico. Nació en Misiones y luego de residir en otras ciudades, se radicó en la década del ‘70 en Crespo, donde en 1983 abrió su propio comedor. Actualmente está situado en calle Malvinas 430 de esta ciudad, donde diariamente recibe a sus comensales, que más que clientes, los define como grandes amigos, expresó “Cata” en el inicio de una amena charla con El Observador.

“A Crespo llegué en 1971, pensé que no me iba a acostumbrar al ritmo de esta comunidad, pero hoy digo, sin dudas, que no me voy más de acá. Estoy muy agradecido a esta ciudad. Anteriormente viví en Paraná, donde trabajé en una pizzería; estuve radicado en Buenos Aires, donde me desempeñé en una panadería y hacía unas ‘extras’ en una cantina, o sea siempre algo ligado al rubro. En Crespo, fui empleado de ‘Kascote’ (histórico comedor que había en la esquina de San Martín y Avda. Belgrano). Fue un tiempo muy lindo, con la familia Paúl. Paralelamente brindaba servicios para grandes fiestas, con un equipo que teníamos con ‘Quintus’ Weinzettel, Alfredo Stegmann, ‘Angilla’ Goette, entre otros. El 1 de noviembre del ’83 me independicé y abrí mi comedor, en el predio donde está hoy la YPF (calle 9 de Julio). Al poco tiempo, sumé también la atención de la cantina del Club Cultural. Eran épocas muy buenas y que me permitieron comprar el terreno, donde hoy funciona el ‘Comedor El Pórtico’. Ahí comencé con un quincho, que lamentablemente se me quemó. Empezando nuevamente casi de ‘0’, volvimos con todas las fuerzas. Ese mismo día del incendio, ya tenía 25 personas comiendo al aire libre, dándome el apoyo. Recuerdo que el Mayor Vergara, quien estaba en el Ejército local, nos colaboró con una carpa y otros grandes amigos, como el ‘Gordo’ Brauer, el Dr. Nusimovich, Jorge Neibert, entre otros tantos, me dieron una gran mano y con lo que fui recaudando, pude hacer un nuevo salón en ese mismo lugar. Estábamos funcionando muy bien allí y sumamos a la par, ‘Parrilla Dalila’, que se lo alquilamos a Norberto Jacob, quien ya no quería trabajar más en el rubro…”.

“Al tiempo, por cuestiones ‘x’, nos dividimos, mi señora se quedó con el primer negocio, con mis hijos y yo seguí en ‘Dalila’. Después, me mudé a calle Sagemüller, casi Estrada, donde estuve 19 años trabajando con el comedor. Fue el momento en el que teníamos una gran cantidad de clientes camioneros, que venían a la empresa Sagemüller. Con muchos de ellos, hoy todavía estoy en contacto. Posteriormente tuve el local en la playa de camiones, hasta que llegué hasta este nuevo espacio, que será el último y definitivo. Me alegra mucho ver que viene gente grande, vienen los jóvenes, que son hijos o nietos de clientes que me han acompañado siempre. Viene la familia y lindos grupos de chicos. Les agradezco a todos por el apoyo…”.

“En la gastronomía llevo, sumando todo, más 50 años. Me cuesta seguir, voy para los 78 años, he tenido un ACV, un fuerte ataque de asma, en un año tuve 3 veces en Terapia Intensiva, pero gracias a la familia y al afecto de los clientes, sigo. Puedo tener un dolor de cabeza o de espalda, pero estando en el comedor, atendiendo, mi vida cambia. Siento que la gente me quiere y mientras Dios me siga dando salud, vamos a seguir mirando para adelante…”.

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