Historias de Crespo: Cuando la langosta hizo estragos en esta zona

Escribe Orlando Britos para El Observador

Corrían los años ‘40 cuando la langosta se convirtió en un problema muy serio para nuestra población, tanto que la Junta de Fomento tuvo que comprar un camión y crear una “Cuadrilla Volante de Exterminio de Langostas”, para lo cual debieron incorporarse agentes municipales. Eran los años después de la guerra mundial, cuando no venía ningún repuesto y no había combustible. La unidad se compró sin cubiertas, porque no había en el país y se acudió a la solidaridad de la gente que tenía camiones, para que en ciertas ocasiones le prestaran cubiertas a la Junta, para poder brindar este servicio. Era tan grave el problema, que el único vehículo que andaba era la chatita de la usina, de la flia. Huck de barrio Guadalupe y que a falta de combustible, andaba a “gas pobre”. Tenía, en la caja de carga una especie de salamandra, que era alimentada con carbón y que por un mecanismo especial enviaba los gases al motor, que andaba de esta manera muy lentamente.

En una documentación que data de 1946, encontré los efectos de estas carestías. El comisionado Arturo F. Grimaux se había dirigido al director del Departamento de Asuntos Municipales, solicitándole autorización para efectuar el cambio comercial de una cubierta del camión atmosférico, con una nota que decía: “Esta Municipalidad posee una cubierta, que fuera comprada para ser colocada en el camión atmosférico, pero en razón de no poder conseguir la otra cubierta, quedó en depósito. Hoy, debido a la campaña que se ha iniciado para la lucha contra la langosta, a los efectos de equipar el camión mencionado, se comprobó que la misma era de una medida diferente, siendo imposible colocarla. La cubierta aludida es de 34×7 y la medida que corresponde es 750-20; como en esta localidad hay un vecino que tiene también una cubierta nueva de la medida 750-20 y él precisa una 34×7, ruego al señor director quiera disponer urgente la autorización, ante la necesidad del uso del camión para combatir la langosta y que actualmente se encuentra funcionando con cubiertas prestadas por vecinos, pero que deben ser devueltas dentro de un plazo breve y quedaríamos sin los servicios del camión de la Cuadrilla Volante de Exterminio de Langosta”.

Esta carta me da pie para referirme puntualmente a uno de los problemas que más afectó a los colonos, pero también a la población urbana: la langosta. Por aquellos años la plaga era realmente una gran preocupación. “Tribuna”, el periódico de la época de Crespo, publicó el 11 de octubre de 1947: “A una legua de Crespo está desovando la langosta en forma alarmante, pues se trata de los Distritos Espinillo y Quebracho, en los cuales la cosecha fina (de lino y trigo) es casi nula y la única manera de equilibrar en algo la desastrosa economía del colono, sería sembrando maíz, pero con una vecindad tan tremenda, que se hará presente en forma de mosquita dentro de veinte a treinta días, el colono pensará más de una vez la cosa ‘¿Siembro o no siembro?’. Recogiendo la experiencia del año pasado, nos vemos en el deber de poner en conocimiento a las autoridades, que tienen en sus manos la siempre ingrata tarea de hacerles la guerra a la terrible plaga. Es necesario extremar las medidas y con tiempo, controlar rigurosamente los trabajos”.

Arturo Jauretche, en su libro “De memoria, pantalones cortos” describe muy bien este fenómeno que se apoderó de esta zona: “…Enormes mangas cubrían el cielo, durante horas y horas una espesa cortina opaca se movía lentamente en el espacio ocultando el sol y cerrando todos los horizontes. No sólo se las veía volar, se las oía. Eran millones y millones de élitros en movimiento que reproducían un rumor sordo, -a la vez con algo metálico- que bajaba de lo alto. Y cuando la manga se asentaba, se oía otro rumor parecido al mismo tiempo inconfundible con el anterior, el de millones y millones de mandíbulas que trituraban minuciosamente por milésimos de milímetro toda la vegetación. Cuando la manga volvía a levantarse, nada verde quedaba en leguas a la redonda. En ocasiones, cuando la manga era verdaderamente de las grandes, ni las hojas de los paraísos que parecían desagradables subsistían. Se comían las sábanas y la ropa blanca, colgada a secar en los patios, se llenaba de perforaciones. La langosta voladora desovaba y se iba y tiempo después venía su cría, la saltona, que era respecto de la otra como una infantería, infinitamente numerosa, destina a consolidar el estrago de su congénere de la aviación…”.

En 1946 se produjo una de las más grandes invasiones de la historia y la Junta Central de Lucha contra la Langosta se encargó de combatirla. Pero la voracidad dañina de este insecto recién fue exterminado en 1948, cuando se creó la Dirección de Lucha contra las Plagas, organismo que contó con el auxilio de aviones, helicópteros y personal del Ejército.

 

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