Historia de un estudiante que vivió en el famoso “Instituto Alemán Crespo”

Esta semana visitó el “Centro Periodístico de Entre Ríos”, Santiago Weiss (96 años), quien fuera alumno del famoso “Instituto Alemán Crespo”, entidad que durante muchos años funcionó y que cerró sus puertas antes de finalizar la 2ª Guerra Mundial, siendo ocupadas sus instalaciones por el Ejército Argentino. Actualmente allí funciona el “Destacamento de Vigilancia”. En dicho predio, de casi 29 hectáreas, hasta la década del ’80, existieron grandes polvorines que almacenaban una importante cantidad de municiones y armas. Una parte del predio fue cedida al cuidado de la Municipalidad y para el uso de los clubes, pero los edificios propiamente dichos siguen siendo ocupados por la entidad militar. Un grupo de personas viene gestionando desde hace un tiempo, para que en ese espacio, funcione nuevamente un “colegio alemán”, como el antes mencionado. Algunas de sus opiniones, durante el programa “Fernando Huck Reportajes” de Canal 6 ERTV fueron las siguientes:

¿Cómo llega usted a formar parte del alumnado del Instituto…?

– Me vine a estudiar a Crespo en 1941. Si bien nací en Viale, en 1928, en ese momento ya vivía en Hernández. Mis padres pretendían que, como éramos 4 varones, al menos uno estudie. Donde vivíamos, las escuelas eran de 1º a 3º Grado y nada más, así que me sumé al Instituto Alemán, en 4º grado. Gracias a Dios, pude participar en todas las actividades que había que hacer, según las reglas internas que teníamos…

– ¿Todos estaban internados y otros eran externos?

– Sí, internos había alrededor de 80 varones y 60 mujeres, por supuesto cada uno con su sector. En el aula las clases eran mixtas. Además, había cursos de cocina, de dactilografía, que era uno de los oficios más importantes de ese tiempo. Había mucha disciplina… Las actividades empezaban a las 6.30 de la mañana y tras levantarnos, se hacía gimnasia. Había una plaza interna, de unos 60/80 metros de largo por 25/30 de ancho y teníamos que dar 3 vueltas a la misma, más movimientos físicos. Eso era exclusivo para los varones. Luego del desayuno, teníamos 5 horas de clases, en castellano. Después del almuerzo, teníamos un descanso de una hora. Luego había 2 horas de clases de alemán, otra hora de gimnasia, la merienda a la tarde y después, cada alumno volvía al aula para hacer los deberes y estudiar para el día siguiente, eso era obligatorio. A las 20.00 estaba la cena y luego, todos a descansar. También teníamos clases de música, de coro y trabajábamos en la huerta/quinta, donde se cultivaba mucha verdura. Con pala en mano, dábamos vuelta la tierra, para que el jardinero o el quintero puedan plantar. El sábado era para la limpieza personal de ropa, zapatos… Una gran parte de los maestros vivía también allí…

– ¿La educación era gratuita…?

– No. Había que pagar un arancel. Era de 30 pesos, que en ese tiempo era mucho dinero. Yo estuve 3 años, en 1941, 1942 y 1943. En 1944, por la guerra, ya no abrió más. A mediados del ‘43 habían prohibido dar clase en Alemán…  

– ¿Usted cree que se podría reabrir dicho colegio otra vez?

– Sí, todo es posible. Como se lo dije al señor Federico Schmied (presidente de la “Asociación Escolar y Cultural Argentino Alemana de Crespo”), quien junto a un grupo de personas está trabajando en ese proyecto, que sigan adelante, que lo pueden conseguir, pero hay que cumplimentar todos los trámites y tener paciencia…  

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