Historia de Bernardo Grabowsky: de Crespo al mundial del ‘36

Escribe Orlando Britos, especialmente para El Observador

Bernardo Grabowsky llegó a Crespo estimativamente en 1926, junto a otros 40 alemanes. Fue uno de los primeros en prestarse al trabajo de albañilería, cuando el arquitecto Karl Löchner emprendió la construcción del templo de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata y la Parroquia del Rosario, como así también el edificio de la antigua usina, más algunas casas de familias. Una vez que terminó dichas edificaciones, el profesional se trasladó a otros puntos de la provincia, donde continuó levantando obras, principalmente de índole religiosa, como la iglesia “Virgen Niña” en Villa Elisa. Años después murió en Rosario del Tala, pero para entonces una gran cantidad de capataces habían adquirido gran parte de sus conocimientos, que no escatimaba en compartir. Uno de esos inmigrantes alemanes que tuvo como empleado y que se radicó en Crespo fue Bernardo Grabowsky. Quien después de un tiempo cambió de rubro y trabajó en la agencia Ford de Natalio Nasanovsky, ubicada en la actual propiedad de la empresa Sagemüller, en las instalaciones contiguas al portón de salida de dicha firma por calle San Martín. Allí se desempeñó como vendedor y se le encomendó enseñarle a conducir a cada comprador de vehículos, ya que por esos años eran muy pocas las personas que sabían hacerlo.

Tras 7 u 8 años de residencia en Crespo, Grabowsky volvió a su patria, donde se destacó deportivamente a nivel mundial, sobre todo en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936. En ese país se quedó a vivir definitivamente. Mientras tanto, en el viejo cine local de Dorato se proyectaron las principales secuencias de dichas Olimpíadas y el público advertido de antemano, detectó inmediatamente a Bernardo Grabowsky en forma nítida. Participó en el desfile de los atletas, en las tiradas de jabalina, sobresalió en disco, pruebas de gimnasia y atletismo. Los testimonios aseguran que los espectadores locales, estimulados por la presencia del crespense en la pantalla y sabedores de los méritos conseguidos, prorrumpieron en un prolongado aplauso, logrando la emoción en forma masiva. Hablan de una velada inolvidable, que se convirtió en tema de conversación por mucho tiempo. Fue este el primer orgullo crespense en el deporte, que trascendió al mundo con su nivel obtenido en el Deutscher Turnerein de Villa Crespo. En 1938, dos años después de las Olimpíadas y a 4 años de que había vuelto a Alemania, Grabowsky integró el equipo que ese país presentó al Torneo mundial de Breslaw. Allí se encontró con Guillermo Pentke, otro alemán radicado en Crespo, que viajó a ese campeonato junto a 12 atletas elegidos entre los mejores de los institutos alemanes de la Argentina. Terminado el Torneo, Grabowsky lo invitó a Pentke a su casa de Berlín, ocasión en la que le presentó a su esposa y sus dos hijas. Este primer consagrado deportivo que tuvo el pueblo, murió en Alemania en 1995.

 

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio está protegido por reCAPTCHA y se aplican la política de privacidad y los términos de servicio de Google.