“Estar dispuesto a escuchar con respeto”: El Lic. Carlos Sigvardt explica sobre la clave para conectarse con los adolescentes

El vicepresidente de la Fundación Educación Emocional, Lic. Carlos Sigvardt, habló sobre un tema siempre candente: cómo dialogar con los jóvenes. “La forma en que nos comunicamos con ellos, puede hacer la diferencia, en cómo se sienten entendidos y valorados” expresó el profesional crespense.

“Hay una analogía poderosa que me gusta usar: así como los bebés aprenden lenguaje cuando les hablamos con dulzura y paciencia, los adolescentes crecen y se desarrollan cuando los escuchamos con respeto y empatía. Cuando un bebé balbucea y trata de comunicarse, los adultos respondemos con entusiasmo, repitiendo sus sonidos y explicándoles lo que significan. Les hablamos despacito, con dulzura y les damos tiempo para que respondan. De esta forma, el bebé se va acostumbrando al lenguaje y aprende a comunicarse. Con los adolescentes, el principio es similar, aunque el enfoque cambia. Ya no se trata de hablarles ‘despacito y con dulzura’ como a un bebé, sino de escucharlos con atención, validar sus emociones y explicar las cosas con claridad. Necesitan saber que sus opiniones y sentimientos son importantes y que pueden contar con nosotros para hablar sobre lo que les pasa, generando confianza, la clave fundamental. Entender sus palabras, no significa estar de acuerdo con todo lo que dicen, sino tratar de captar lo que están tratando de expresar. Validar sus emociones no es lo mismo que validar sus comportamientos; es reconocer que lo que sienten es importante para ellos sin juzgarlos ni minimizar lo que están sintiendo. Y explicar con claridad significa ser transparentes sobre las razones detrás de nuestras decisiones, sin sermonear ni juzgar”.

“Muchas veces las conductas desafiantes, el silencio o las reacciones desmedidas de los adolescentes no son solo rebeldía. Son llamados de atención para decir que algo no está bien y no saben cómo expresarlo con palabras. Detrás de una respuesta cortante suele haber frustración, miedo o la necesidad de sentirse visto. Cuando dejamos de ver solo la conducta y empezamos a preguntarnos qué está comunicando, cambiamos la dinámica: pasamos de castigar el síntoma a atender la causa. La clave para conectar con adolescentes está en encontrar ese equilibrio entre ser un guía y un aliado. No se trata de ser su amigo, sino de ser alguien en quien puedan confiar. De esta forma, no solo les ayudamos a desarrollar habilidades emocionales, sino que también fortalecemos la relación con ellos”.

“Fortalecer la autoestima en la adolescencia es clave, porque es la etapa donde se construye la imagen que una persona tendrá de sí misma. Cuando un adolescente se siente escuchado y respetado, entiende que su voz vale y que sus emociones son legítimas. Eso le da seguridad para equivocarse, preguntar y probar cosas nuevas sin miedo al juicio. Sin esa base, es fácil que busque validación afuera y se vuelva más vulnerable a la presión del grupo”.

“En la práctica, esto se traduce en momentos cotidianos: escucharlos cuando hablan sobre sus problemas, ofrecerles consejos sin imponerlos y estar presentes en los momentos importantes. No siempre es fácil, pero vale la pena. Porque al final, lo que los adolescentes necesitan es saber que estamos ahí, escuchando y apoyando, así como nosotros necesitamos saber que ellos están creciendo y aprendiendo. La educación emocional no es solo un tema de la escuela; es algo que se vive en casa, en las relaciones diarias. Y cuando logramos conectar de esta forma con los adolescentes, no solo les estamos ayudando a ellos, sino que estamos construyendo un futuro más empático y comprensivo para todos”.

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