Emotivo recuerdo de ex combatientes de Malvinas a 31 años de la guerra

malvinasEste 2 de abril se cumplirán 31 años del desembarco argentino en las Islas Malvinas, donde se produjo el conflicto bélico con Inglaterra. Jóvenes soldados de nuestro país, fueron enviados por la Dictadura que nos gobernaba bajo una incertidumbre generalizada. Algunos de ellos tenían menos de 20 años y con una inexperiencia absoluta. Sin preparación y con armas obsoletas, libraron batalla frente al primer mundo. Sufrieron el hambre y el frío, pero más doloroso aún fue su ocultamiento al regresar a nuestra Nación una vez finalizada la guerra. Quienes los habían enviado, no tenían intención de que se conocieran las condiciones en que los muchachos argentinos habían terminado. Hoy siguen peleando dentro de una sociedad que todavía les debe el debido reconocimiento, aunque algunos deseen ignorarlos. Por este motivo, cuatro ex combatientes que hoy integran el Centro de Veteranos de Guerra de Malvinas de Paraná, visitaron en Crespo la redacción de El Observador y los estudios del Centro Radial, Televisivo y Periodístico de Entre Ríos, para comentarnos sus vivencias.

 

Alejandro López (Fuerza Aérea):

“La Fuerza Aérea no podía operar en Malvinas, era imposible operativamente por la pista, la mayoría de los aviones operaban desde el continente. Personalmente estaba destinado a Paraná en la II Brigada Aérea, era mecánico de un avión de vuelo de reconocimiento fotográfico y operaba desde Comodoro Rivadavia y después desde Río Grande. Realizábamos vuelos casi todos los días”, le explicó a El Observador. “Hay que retrotraerse a aquella época, teníamos tal preparación que la guerra de Malvinas fue como un ejercicio. En un par de oportunidades tuve mucho miedo. Recuerdo que en una oportunidad íbamos llegando a Malvinas y el radar nos avisaba que nos estaban esperando, entonces nos pedían que volviéramos. En una ocasión nos ‘corrieron’; pero por suerte pudimos escapar. Después nos derribaron un avión, un misil lo rozó pero no se destruyó aunque lo daño de tal forma que perdieron los comandos, la tripulación estaba viva cuando pegó en el suelo y nosotros estábamos volando y escuchando la comunicación. Creo que ese fue el momento en que me desperté y tomé conciencia de lo que sucedía, fue una semana antes de que termine la guerra”.

 

Alberto García (Fuerza Armada):

“Cuando se desató el conflicto tenía 25 años, era cabo y prestaba servicio en una corbeta misilística en Islas Georgia del Sur y Sandwich del Sur. Allí había una famosa ballenera y entramos en combate directo con los ingleses para tomarlos de rehenes el 3 de abril. Malvinas está a 600km. del continente y Georgia del Sur a 1600. El 29 de marzo zarpamos del Puerto Belgrano, para llegar el 2 de abril a la isla y no pudimos entrar por el gran temporal. No teníamos ni idea que marchábamos rumbo a Malvinas. Al pasar los días, nos encontramos con la Georgia del Sur, en el mismo momento que estábamos combatiendo”, comentó.

Sobre lo que genera la fecha, dijo: “El sentimiento es enorme, uno lo siente más aún cuando se aproxima esta fecha. Cada año despierta ese sentimiento profundo hacia nuestras islas y compañeros que quedaron en Malvinas”.

“Hay una especie de olvido para con los veteranos o bien van pasando los años y es como que da lo mismo hacer una ceremonia para el 2 de abril o no”, concluyó.

 

Félix Bravo (Ejército):

“Era cabo 1º pertenecía al regimiento 3 del General Belgrano con asiento en Tablada y mi ubicación era en Puerto Argentino. Estuvimos como cabecera y defendiendo las islas. Participé en batalla y estaba en Infantería. Teníamos que repeler el ataque el 1 de mayo por el bombardeo naval, el famoso ablandamiento que hacen antes del desembarco de la tropa. Nosotros desde el 1 de mayo hasta el 14 de junio, cuando se ordenó la rendición, tuvimos bombardeos todos los días. De noche y de día éramos atacados por los aviones y por el bombardeo naval, también tuvimos enfrentamiento frente a frente con los ingleses. Los pocos momentos en que uno podía descansar, lo aprovechábamos para secarnos la ropa, porque hacíamos pozos para ocultarnos y teníamos 1 metro de agua, ya que a medida que uno iba cavando, empezaba a brotar agua. Durante el bombardeo estábamos en esos pozos con el agua hasta la cintura, pasábamos mucho frío y sin ropa para cambiarnos”, narró.

“Combatí frente a frente con los ingleses defendiendo mi vida y la de los soldados que tenía a mi mando. A los ingleses los tuvimos a 100 metros. Cuando nos llegó la orden de rendición, en ese instante estábamos combatiendo cara a cara”, agregó.

Sobre el ocultamiento que sufrieron, detalló: “Cuando salimos del regimiento 3 en Tablada, nos despidieron familiares y vecinos de la zona. Cuando salimos no sabíamos el destino final, teníamos una orden como que íbamos a Ríos Gallegos y no a Malvinas. Estando ahí vino la orden para que subiéramos a un avión y en pleno vuelo el comandante nos dijo: ‘me siento sumamente orgulloso de trasladar a este contingente que va a defender nuestras islas Malvinas’. Cuando me fui no alcancé a despedirme de mi familia ni decirles a dónde iba. Mi familia se enteró una semana después, por medio de una carta que les envié diciéndole dónde y en qué situación estaba. Cuando volvimos de Malvinas, nos trajeron en buque hasta Puerto Madryn, y de ahí en colectivo hasta el aeropuerto de Trelew y luego hasta Palomar. Desde ese lugar nos llevaron en colectivo a Campo de Mayo y nos ordenaron no abrir las ventanillas para que la gente no nos viera. Lo hicieron de noche. Eso me molestó porque ni siquiera le pude avisar a mi familia que había llegado. Horas después se enteraron por mi hermano que era miembro del Ejército”.

“Sentimos que estamos siendo dejados de lado, porque si rendís un homenaje tenés que juntar todos los veteranos del país. Por el momento no hay ninguna organización que lo haga por parte del gobierno”, reflexionó.

 

Osvaldo Domínguez (Ejército):

“Estaba destinado en el Regimiento de Infantería Mecanizada III General Belgrano con asiento en La Tablada. Fui con el grado de Cabo 1° y tenía mi gente a cargo como jefe de grupo. Tenía 10 hombres y me tocó estar de cabecera de playa. Es difícil para uno recordar y a veces no se quiere hablar, porque surgen cosas ingratas. Estuve con mi gente en Puerto Argentino, soportando el bombardeo naval donde teníamos nuestro armamento, nuestro fusil y pistola y no podíamos hacer nada con ellos, no porque no anduviesen, pero el bombardeo naval que teníamos enfrente con los buques británicos, era tan intenso que sentíamos el hostigamiento. Había que esperar que pase y luego controlar que nuestra gente esté bien”, detalló.

“Tuve miedo, es parte de cada mortal. No creo en el que no tiene miedo de nada, es una parte del ser humano, que puede estar adormecida o latente y despierta en el momento indicado. Pero el temor se contrarresta con responsabilidad y trabajo y los hombres que estuvimos en Malvinas, aquellos soldados de 18 años, fueron con total responsabilidad y entereza. Por ahí algunos dicen ‘los chicos de Malvinas’, no sé si eran ‘chicos’. Respeto ese concepto, pero no les digo ‘chicos’, les digo hombres y tenían miedo como yo y nos encomendábamos a Dios y rezábamos cada vez que sentíamos el bombardeo incesante de esos buques. Cuando cesaba el fuego nos arrastrábamos hasta los pozos para ver si nuestra gente estaba bien”, declaró.

 

 

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