Demuth: “Los padres usan a los chicos para salvarse económicamente y eso es un grave error”

demuth ruso 1Fabián Demuth o sencillamente “El Ruso”, es una voz autorizada en Crespo sobre la formación de los más pibes en el fútbol hogareño. Con varios años de trabajo sobre su espalda, ha adquirido una experiencia que es transmitida a todos los que lo rodean. El coordinador del fútbol infanto juvenil de Cultural, cuenta con el respaldo de un gran grupo de profesores y padres, gracias a quienes se ha llegado al 24° Torneo Amistad en el mes de febrero.

La formación del chico, la tarea de moldearlo como persona antes de un mero futbolista, sus años como jugador, el fútbol de aquella época de canchas llenas y éste de tablones vacíos, las presiones de los padres sobre los pequeños “Messi” y el importante accionar social que cumplen los clubes, fueron temas abordados por El Ruso Demuth en un mano a mano con el programa Crespo En Vivo emitido por Cable Visión Crespo.

– ¿Se toma real dimensión de que llevan 24 años con el Torneo Amistad?

– Lo hemos dialogado mucho con amigos y padres que trabajan en la organización. Verdaderamente es muy importante lo que estamos haciendo. Ahora ya nos encontramos apostando al 25° certamen, el cual será algo especial indudablemente.

– ¿Cómo comenzó esta historia?

– Cuando arrancó fue a modo de encuentro con Huracán de Las Varillas (Córdoba) en el año 88/89. Trabajamos junto con Iki Piedrabuena, a quien le agradezco todo esto porque en su momento cuando él estaba como coordinador del fútbol menor y compartíamos empleo en Neumáticos Paul, me invitó para que lo acompañara en la enseñanza de las divisiones menores. La idea me empezó a gustar y me entusiasmó. Teníamos cerca de 48 chicos entre todas las categorías. Personalmente salía a recorrer casa por casa para que se integren a las prácticas. Costó muchísimo convencer a más de una persona para que el hijo acudiera. Pero por fortuna, al año de estar trabajando logramos superar los 100 gurises en la cantera. Se dio un quiebre en el Torneo Internacional de 1995, tras el mismo Iki decidió irse a trabajar a Unión y yo me hice cargo de toda la coordinación del fútbol menor. Desde allí siempre la idea fue hacer cada vez un mejor torneo, incrementar paulatinamente la cantidad de participantes y que tenga un mayor alcance. Gracias a mucho sacrificio venimos logrando que el Torneo Amistad sea uno de los de mayores convocatoria a nivel provincial y de los de mejor organización a nivel nacional.

grossi y brizuela prueba de jugadores– ¿De qué manera nació tu relación con el fútbol?

– Comencé en Sarmiento pero no en la parte futbolística sino en una relación institucional. Mi padre era delegado del club en el 73/74 cuando jugaba en Paraná Campaña. Le dedicó muchísimos años a la entidad. La parte de la estructura vieja donde ahora está la cantina y el antiguo túnel que salía a la cancha, lo hizo papá que era albañil. Recuerdo que yo tenía 7 u 8 años y nos juntábamos los domingos en la obra, le alcanzaba la mezcla para levantar esas paredes. Estuvo unos 5 años trabajando como delegado, después como colaborador. Luego dejó Sarmiento, mi hermano mayor en el 75 se integró para jugar en Cultural y yo ingresé en el 77 integrando la 7ma. Era el primer año en que la Liga Paranaense permitía que jugara esa categoría en el certamen oficial. Recuerdo que los partidos eran entre el de la Reserva y de la Primera. Teníamos un gran equipo y salimos campeones invictos. Sin exagerar recuerdo que convertimos alrededor de 64 goles y nos hicieron solamente uno. Allí arranqué la práctica deportiva.

– ¿De qué jugabas?

– De volante por derecha o de volante central. También hubo ocasiones en que jugué de zaguero central, de acuerdo a la situación del partido o rival. A los 22 años llegué a debutar en Primera, lo cual en esa época no era nada sencillo. Jugué un par de partidos y como era un jugador que daba muchas indicaciones ordenando al equipo, Iki me vio y me ofreció para dirigir a las divisiones menores. Entonces decidí dejar la práctica porque no me daban los tiempos y me aboqué a los chicos.

– Tenés un hermano que llegó a Vélez Sársfield.

– Daniel César es casi dos años mayor que yo. Debutó en la Primera de Cultural a los 16 años, cuando los centrales eran José Cartoccio y Roberto Schneider. Uno de ellos se había lesionado y él lo reemplazó. En el 77/78 fuimos los dos a hacer una prueba a Buenos Aires, estuvimos en Platense, All Boys y Atlanta. Habían más de 300 chicos que fueron observados y no tuvimos suerte. Después él integró la selección de la Liga y lo vio el Indio Solari quien lo citó a una prueba en Vélez, lo acompañé y por fortuna pudo quedar. Fueron tres años en los que jugó en las divisiones inferiores llegando a compartir equipo con históricos de la talla de Pedro Larraquy y Omar Jorge, entre otros. Trabajaba y jugaba al fútbol porque no tenía pensión en ese tiempo y debía afrontar todos los gastos. Después logró ingresar en la Universidad y allí dejó de practicar.

demuth ruso 3– Antes era más complicado conseguir una prueba.

– En aquel momento uno debía hacerse cargo de todo los gastos cuando participaba de una práctica en un elenco de Primera, debía ir a mostrarse y convencer a quienes lo estuvieran viendo. Actualmente las pruebas son más fáciles en el sentido de que son numerosas las personas que están detrás de la captura de talentos en distintos lugares del país en representación de varios clubes. También sucede como en el caso nuestro que hacemos pruebas para Racing Club de Avellaneda o Belgrano de Córdoba. Otro ejemplo es el propio Torneo Amistad donde vienen dirigentes de diversas entidades a observar jugadores. Hay un abanico de posibilidades que antes no se daba.

– ¿Cómo se vivía el fútbol en los años en que jugabas?

– A la cancha iba muchísima más gente que ahora, desde luego. Un clásico por ejemplo entre Unión y Cultural, se jugaba a estadio lleno sin importar dónde fuera el partido. También sucedía lo mismo cuando venían clubes de Paraná, sobre todo con los de más peso como Patronato, Belgrano o Atl. Paraná. Actualmente eso no se ve. Ahora existen muchos otros atractivos sobre los que la familia puede optar para distraerse un domingo, los chicos viven pegados a la computadora o a los juegos de la play, lo cual antes no existía. Todo el mundo iba a la cancha. En Paraná Campaña hay un club o dos por ciudad y van todos a ver a su equipo, lo mismo pasaba años atrás en nuestro fútbol.

– ¿Te acordás de alguna anécdota de esos clásicos?

– Sí, recuerdo uno cuando jugaba en reserva ante Unión. Nos dirigía el Negro Gianotti. En una misma jugada pude hacer un doble caño a un rival, de ida y de vuelta. Cuando le hice el segundo le grité “oooleeeee” y justo estaba cerca el árbitro que me escuchó, entonces me llamó y me dijo: “Tome, esto es para usted”, y me amonestó.

– ¿Cómo se vivían los momentos posteriores a los clásicos?

– Con normalidad. Pero antes de esos partidos, en la semana previa, no veías la hora de que llegara el domingo, querías jugarlo a toda costa. Dejábamos todo en la cancha, pero después volvíamos a ser amigos de nuevo. Por supuesto que las cargadas estaban durante los días siguientes.

– ¿Si no hubieses aceptado trabajar con las divisiones menores, habrías tenido otras posibilidades con la pelota?

– Uno como jugador sabía que tenía sus limitaciones, la única virtud que me veían era la pegada en la pelota parada. Después no era un dotado como lo son muchos otros. En ese momento ya tenía en claro que podía seguir desarrollando una carrera laboral porque me había recibido como técnico electromecánico. Ya comenzaba en Crespo a trabajar en la parte eléctrica.

– ¿De qué manera te las arreglás para trabajar y a la vez atender la enseñanza del fútbol?

– En mi caso particularmente, me levanto a las 7.00 y estoy hasta las 12.30 trabajando, luego retomo de las 14.30 hasta las 17.30, aproximadamente. A las 18.00 estamos prácticamente todos los días en el club para entrenar donde terminamos alrededor de las 20.00 ó 21.00. Los fines de semana cuando comienza la Liga, estamos abocados por completo, que suelen ser los días en donde uno comparte tiempo con su familia. En mi caso creo que debí estar más cerca de mi hijo cuando creció. Fueron circunstancias del trabajo porque el objetivo era que no le faltara nada.

– ¿Qué jugadores destacás de aquellos tiempos como jugador?

– Habían muchos buenos jugadores. Gustavo Ghirardi, Pablo Fontana, Jorge García, Roberto Schneider, mi hermano, Mario Rodríguez, el Ruso Bruner, entre tantos otros. En la zona se destacaban notablemente.

– El intendente de Crespo (Ariel Robles) también jugaba…

– Sí y lo hacía muy bien. Jugó en Unión y me tocó marcarlo un par de partidos. Tuvo un problema en una rodilla y no pudo continuar, que de haberlo hecho no tengo dudas que habría llegado muy lejos. Era muy buen jugador, se movía como centrodelantero.

– La formación del jugador es muy importante, se van moldeando además las actitudes de cada uno.

– Uno apunta a que si en el día de mañana no llegan a ser deportistas, que sean ante todo buenas personas. Siempre estuve convencido de esa idea. Más que un técnico, uno debe ser un maestro para ir moldeando la vida.

demuth ruso 2– ¿Dirigiste al Sonry (Gabriel Heinze)?

– Sí, cuando lo estaba acompañando a Iki. Arrancamos en el 88 y tuvimos la suerte de tenerlo al Sonry como uno de los casos más conocidos, pero también pasaron otros grandes jugadores de nuestra ciudad que por diversos motivos luego no llegaron a destacarse. Es impresionante la cantidad y calidad de chicos que han pasado por el club. Al margen de dirigirlos, uno a veces termina siendo amigo del chico o de los padres. Este trabajo conduce a muchas cosas satisfactorias. En este momento hay algunos gurises que son hijos de aquellos que décadas atrás también estuvieron en el club como jugadores. Hay aspectos que te llenan de satisfacción porque marca que uno está haciendo bien las cosas ya que depositan la confianza en nuestra tarea.

– ¿Cómo era el carácter del Sonry?

– Tenía un carácter y un temperamento impresionantes. Había ocasiones en que tenía que decirle que se vaya a la casa porque seguía practicando después de que había finalizado la hora del entrenamiento. Por su forma de ser, llegó hasta donde llegó. La calidad de persona y su temperamento, lo llevaron a ganar grandes cosas.

– ¿Actualmente hay otros casos que resulten similares en su forma de ser?

– En el caso de Cultural, estamos viendo que tenemos muchos chicos futboleros. ¿Qué quiere decir? Antes el adolescente que dejaba la secundaria y se iba a estudiar a una Universidad, se olvidaba de la pelota. Ahora tenemos quienes mantienen otra afinidad con el fútbol. Lo viven con pasión. Llegás a una práctica y los chicos se vieron todos los partidos de la semana y conocen de todo. Eso antes no se daba. En cuanto al temperamento existen proyectos interesantes pero debemos aguardar cuando lleguen a los 16 ó 17 años donde uno define su futuro sobre estas cuestiones.

– ¿Piensan los chicos en que pueden llegar a vivir del fútbol?

– No sé si lo ven de esa manera, lo que está sucediendo es que más de uno de los padres quieren salvarse a través del chico. Lo están usando para salvarse económicamente y eso es un grave error. Están totalmente equivocados. El jugador por condiciones, temperamento y cualidades va a llegar solo a Primera o al fútbol profesional. No sirve de nada estar detrás del chico casi hostigándolo a que le ponga ganas al fútbol. Con eso se le hace daño, se lo educa de mala manera y muchas veces termina abandonando la práctica. La presión es contraproducente. Actualmente hay chicos que tienen buenas condiciones en Cultural, que mañana pueden llegar a ser una realidad.

– ¿Se los prepara para afrontar ese momento en el que pueden llegar a un club grande?

– Se habla con el chico, se lo aconseja y demás. Pero eso también pasa por la forma de ser de cada uno y por el sustento familiar que tiene, porque cuando llega a la pensión se encuentra solo, en otra provincia, lejos de los afectos y resulta muy difícil. Dependés de vos mismo. Es un tema sumamente delicado, no es sencillo.

– Dentro de la práctica del fútbol se cumple con un gran objetivo como lo es la contención social.

– Totalmente. Cultural cuenta con alrededor de 300 chicos, Unión anda también por ese número, Sarmiento algo menos, pero la contención social que hacemos con el fútbol en Crespo, es impresionante y me gustaría que fuera reconocida por mucha más gente. No sé si desde lo económico, pero sí en lo que respecta a contar con elementos para trabajar, al menos en eso.

 

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio está protegido por reCAPTCHA y se aplican la política de privacidad y los términos de servicio de Google.