De un pueblo a otro: La admirable despedida de alumnos de la Escuela 60 de Crespo a una joven del circo

Es sabido, la esforzada vida de quienes forman parte de los circos y más aún si son niños (hijos de sus integrantes) o jóvenes, ya que deben cursar sus estudios, por días o semanas en alguna escuela del pueblo o ciudad que le toque estar. Brisa es una integrante del “Circo Mundial”, que está teniendo sus últimas funciones en Crespo. La joven cursó en la Escuela Nº 60 “Bicentenario”, donde sus compañeros de clase (5º Año B), la despidieron con una emotiva carta:

“Brisa, con su sonrisa franca y relatos nuevos para nosotros, fue nuestra compañera itinerante este año. En parte, su vida nos pareció sacada de un cuento: carpas que se alzan como por arte de magia en pueblos desconocidos, luces que pintan la noche de colores imposibles, familias que son a la vez equipo y hogar. Nos contó de las largas rutas, de las siestas ‘robadas’ en camarines improvisados, del ensayo constante para que la cuerda floja pareciera un paseo y el fuego danzara sin quemar. Pero su relato también tenía la textura áspera de la realidad. Nos habló del cansancio de los viajes, de la falta de amigos fijos, de la dificultad de seguir el ritmo de la escuela cuando cada semana el paisaje cambiaba. Nos contó de la preocupación por el clima que podía arruinar la función, del miedo a una mala caída, de la nostalgia por esa ‘normalidad’ que nosotros, quizás sin valorarla, damos por sentada. Brisa nos hizo entender que la magia del circo se construye con esfuerzo, disciplina y una tenacidad admirable. Vimos en sus ojos el brillo de la pasión por su arte, pero también la madurez de quien conoce la incertidumbre desde temprana edad, la constancia en el entrenar, la vigilancia en la alimentación. Brisa abrió una ventana y nos dejó algo imborrable: la certeza de que el mundo es mucho más grande y diverso de lo que imaginamos. Aprendimos que la belleza y el asombro pueden florecer en los lugares más inesperados y que cada vida, por itinerante que sea, esta tejida con historias valiosas que merecen ser escuchadas. Brisa nos enriqueció, no solo contándonos un mundo fascinante, sino mostrándonos la fuerza y la resiliencia de quien persigue su arte, incluso cuando el camino no es fácil. Y quizás, sin darnos cuenta, nos enseñó a valorar un poco más nuestras propias raíces, mientras admirábamos la libertad de sus alas en constante movimiento. Y no tenemos días que nosotros también le enseñamos algo: la calidez de la recepción y la escucha con respeto. ¡Buen viaje, Brisa!”.   

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