Cuidado con comer con mucha sal, porque puede morir por hipertensión

En esta edición, El Observador focaliza otra problemática desde la conducta alimenticia que las personas debería tener para vivir más tiempo sanos y evitar complicaciones, en esta nota vinculadas a la hipertensión. El jueves 17 de mayo se celebró el “Día Mundial de la Hipertensión Arterial” (HTA), afección que aqueja a miles de personas en el mundo, constituyendo una de las principales causas del incremento de la tasa de mortalidad global. En Argentina, los últimos datos estadísticos emitidos por el Ministerio de Salud de la Nación dan cuenta de que sólo durante el 2008,  5.375 personas fallecieron por enfermedades hipertensivas, siendo el 55% de esas víctimas fatales mujeres, cifra que se ha incrementado en 2011. La HTA no presenta síntomas fácilmente identificables, por lo que su estricto y periódico control es el método más efectivo para lograr un diagnóstico certero y prevenir otros trastornos en el organismo, que pueden ser graves y hasta incluso letales si no se tratan a tiempo. Es importante tener presente, que este factor de riesgo es tratable, modificable y puede mantenerse estable si se adquieren ciertos hábitos saludables.

La Licenciada en Nutrición Adriana Stremel, quien permanentemente atiende consultas y asesora al respecto en el Centro Familiar Cristiano, manifestó que “se usa el término ‘hipertensión arterial’ para hablar del aumento sostenido de la tensión arterial, esto es, la fuerza que ejercen las paredes de las arterias hacia ambos lados a raíz del pasaje de sangre por el interior de las mismas. Habitualmente es un mecanismo descuidado por el común de las personas, que pese a ser la principal causa de muerte en el mundo, no se asustan ni toman conciencia del modo en que viven y principalmente de las elecciones alimentarias que hacen. Sin lugar a dudas, existen factores genéticos que predisponen a que alguien sufra este mal, pero también hay otros desencadenantes de relación directa, como el consumo excesivo de sodio, el sobrepeso, la ingesta de alcohol o cafeína en grandes cantidades, la inactividad física, el tabaquismo y otros. Lo que no hay que olvidar es que todos ellos son vicios o trastornos modificables a fuerza de voluntad”.

La licenciada recalcó la importancia de medirse periódicamente la presión y con mayor peridiocidad durante el embarazo y la tercera edad. Asimismo, explicó las 3 grandes agrupaciones que se realizan, de acuerdo a los valores obtenidos: “Si una persona no supera los 120/80 mg. está dentro de lo normal. Cuando ronda los 130/85 mg. ya se habla de un paciente prehipertenso y si los valores llegan a los 140/90 mg. la persona padece hipertensión. Los cuadros no surgen de una única medición, sino que se trata de valores que son recurrentes en mediciones prolongadas”.

Si es diagnosticada la HTA, se debe buscar la manera de reducirla, para lo cual hay distintas alternativas. Existen herramientas que están al alcance de cualquier persona, que van a contribuir a bajar la presión, sin perjuicio de que en algunos casos se deba recetar algún medicamento. En ese sentido, Stremel dijo que “el primer paso es reducir el sodio, cuya principal fuente de concentración de este mineral es la sal de mesa. Detrás de ella encontramos alimentos que también tienen un alto contenido, como los quesos, los productos enlatados, congelados o deshidratados, los fiambres y embutidos, la manteca o margarina y los productos “snack” (palitos, chicitos, puflitos, papas fritas, etc.), que últimamente están muy de moda. Normalmente consumimos pocos alimentos frescos, ya que la industria alimentaria nos acerca constantemente diversos productos, cada vez más procesados, que requieren grandes cantidades de sal en su elaboración, sumado a la gran costumbre argentina de salar todos los alimentos. Entonces al final del día, la ingesta de sodio está muy por encima de lo recomendado. Los alimentos tienen sabores característicos que actualmente están enmascarados por la sal que se les aplica. Comenzar a comer sin sal no es fácil durante las primeras semanas, pero con el tiempo se aprende a descubrir y disfrutar del sabor real de cada alimentoUn recurso útil para limitar al máximo la incorporación de este mineral, es emplear condimentos aromáticos, que logran crear preparaciones apetitosas y son más sanos, porque se trata de hierbas. Existen además ciertas formas de preparación de los alimentos que favorecen la concentración de sabores, como la cocción por calor seco (conocida como ‘al vapor’), el preparado de carnes a la plancha, a la parrilla o al horno, que permiten que se haga una superficie dorada y crocante, manteniéndose en el interior los jugos propios del alimento. Pero no basta con ello, hay que incrementar la actividad física rutinaria, en lo posible disminuir la ingesta de café, eliminar el consumo de bebidas alcohólicas y evitar el exceso de peso, mediante dietas sanas y nutritivas.

Actualmente se recomienda a individuos sanos no consumir más de 2.300 miligramos de sodio por día y quienes padecen hipertensión no deben sobrepasar los 1.500 miligramos como máximo. Para tener una idea, aportamos los siguientes ejemplos de alimentos con alto valor sódico:

· 100 grs. de carne vacuna magra contienen 70 mg. de sodio

· 100 grs. de tapa de asado contienen 70 mg. de sodio

· 100 grs. de pollo contienen 80 mg. de sodio

· 100 grs. de cordero contienen 95 mg. de sodio

· 100 grs. de pan blanco contienen 250 mg. de sodio

· 100 grs. de queso blanco cremoso contienen 470 mg. de sodio

· 100 grs. de queso roquefort contienen 1.800 mg de sodio

·100 grs. de chorizo colorado contienen 1.400 mg de sodio

· 100 grs. de paleta contienen 1.000 mg de sodio

· 100 grs. de salame o salamín contienen 1.200 mg de sodio

·100 grs. de remolacha contienen 70 mg. de sodio

·100 grs. de acelga contienen 140 mg. de sodio
Finalmente, la licenciada Stremel destacó que “con un poquito de voluntad y conciencia se puede mejorar el estilo de vida de cualquier persona. Con el acompañamiento de un profesional es posible tratar la hipertensión y fundamentalmente prevenirla, basta con asumir responsabilidades en el plano alimentación y en los hábitos de cada día”.

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