Crespo: La emotiva historia de Emilio Godoy y sus 30 años como maestro en escuelas de campo

En el ciclo de entrevistas de El Observador con historias y relatos de protagonistas de Crespo, esta semana dialogamos con Emilio Godoy, maestro alberdino jubilado, radicado en esta ciudad, nacido en la zona rural de Bovril. En una amena charla con este medio, repasó su larga trayectoria en la docencia, mayormente en escuelas alejadas de los centros urbanos. “Mi sueño fue siempre ser maestro de campo” y recordó sus años de formación en la histórica “Escuela Alberdi” (Oro Verde), donde se recibió en 1980. “Ahí tenía la posibilidad de irme al sur del país, donde se presentaban muy buenas oportunidades laborales, pero opté por quedarme en Entre Ríos, como una muestra de gratitud. Provenía de una familia humilde, estuve becado por la Provincia para poder estudiar de maestro y no dudé un segundo en retribuir esa ayuda que me habían dado, trabajando acá. La primera escuela en la que di clases fue la Nº 60 de Colonia Avigdor, un pequeño pueblito de una comunidad judía, con muy buena gente, donde estuve un año. Tuve otras suplencias, hasta que en 1983 logré titularizar en la Escuela Nº 13, también en zona rural (Departamento La Paz). Allí estuve 19 años. Mi carrera finalizó en la Escuela Nº 108 ‘Indios Guaraníes’ del Distrito Tacuara, a 6 kilómetros del río Guayquiraró, bien en el norte entrerriano. Un lugar inhóspito. Estuve cerca de pegar la vuelta el día que fui, pero dije: ‘… yo elegí esto, mi vocación es esta, por lo que voy a cumplir para lo que estudié’ y no me arrepiento para nada. Me encontré con gente muy sana, amable, solidaria… Allí trabajé 10 años, hasta que me jubilé, en 2010. Vamos casi todos los años con mi esposa (Griselda del Carmen Hochnadel), ya que nos hicimos amigos de las familias de la zona. Mi señora me ayudaba: a ella siempre le gustó la costura, así que para las alumnas de la escuela, les hacía vestiditos de danza y colaboraba con las mamás en la confección”. P

or su destacado trabajo en la ruralidad, un conocido músico y un destacado payador, le escribieron y grabaron la poesía “Don Emilio”, acompañada de una melodía a modo de homenaje por su elogiable vocación. Es que la vida del maestro rural implica sacrificios personales y familiares. Recordó que durante largos períodos, vivió en las casas de cada escuela, mientras su esposa e hijos estaban radicados en Paraná. “A veces eran hasta más de 200 kilómetros de distancia. Así que viajaba cada 2 ó 3 semanas” contó el docente, quien resaltó el rol social que históricamente ocupa el maestro en el ámbito rural. “En esas zonas, muchas veces somos el auxilio de todos. Si había un enfermo, los lugareños decían ‘vamos hasta lo del maestro’ y a la hora que sea, el maestro los llevaba en su auto a un hospital o al centro de salud más cercano. Pero fue un ir y venir con la gente, uno ayudaba de corazón y ellos lo retribuían con afecto, amistad… me invitaban a todo acontecimiento que había: un cumpleaños, aniversarios o cuando en las estancias se hacían las tradicionales yerras. Esa gente es hasta hoy, como mi propia familia”.

Emilio visitando la Escuela Nº 108

“En las escuelas rurales muchas veces uno es personal único, por lo que había que dar clases con todos los chicos en un aula. Lo destacado de esta modalidad, es la amistad que se genera. Hoy en día, quizás en una escuela de ciudad, un alumno de sexto grado ni conoce al de tercero, incluso ni conoce a los mismos compañeros”, destacando los valores de la solidaridad, respeto y convivencia que se generan en el entorno rural. “Además, son chicos que hacían o hacen un gran esfuerzo cotidiano para llegar a clases, en bicicleta, a caballo, en tractor o a pie, cortando campo por medio de los montes”.

“Por el trabajo estuve en muchos lugares. Tengo hermosos recuerdos de todos esos lados, pero hoy mi lugar en el mundo es Crespo. Y elegimos con mi esposa esta ciudad, porque era una de las 3 localidades que decíamos siempre en la que nos gustaría vivir, por su limpieza, pujanza, prosperidad: una era Cerrito, la otra Villa Elisa, pero finalmente nos inclinamos por Crespo, donde tenemos ya muy buenos amigos. Tenemos 3 hijos, hoy radicados en Tierra del Fuego”.

Ya jubilado desde 2010, afirmó que “si tuviera que elegir otra vez una carrera, elegiría a la docencia nuevamente”, aunque reconoció que los tiempos actuales presentan nuevos desafíos. “Soy un agradecido a la vida y a Dios por esta bendita profesión. A todos los jóvenes que están analizando ser maestros y que dudan un poquito, si eligen ser docentes, no se van a equivocar. No van a ser ricos siendo maestros o profesores, pero es una profesión que les llenará el alma”.

Encuentro de maestros alberdinos

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