Cómo evitar tener anemia y sufrir las consecuencias

Las estadísticas oficiales argentinas revelan que el 6% de los jóvenes entre 12 y 21 años padece trastornos alimenticios, siendo las mujeres las que suman el 90% de esos casos. Si bien la bulimia y anorexia son las enfermedades extremas de este problema, una gran mayoría padece anemia en forma recurrente, cuadro que debe ser diagnosticado y tratado a tiempo, para evitar mayores consecuencias. El cánon de belleza que la sociedad instauró en las últimas décadas, no sólo dista mucho de lo saludable, sino que atenta contra el propio cuerpo. Los parámetros con los cuales la sociedad ha determinado si una persona es bonita, atractiva o deseable, han llegado a límites impensados, que en muchos casos alcanzarlos se transforma en una obsesión seguida de muerte. La gran influencia que tienen sobre la población los medios de comunicación, que imponen tendencias y junto a una masiva campaña comercial de estos estereotipos, ha llevado al desprecio de aquellos que no se ajustan a los mismos, quienes se sienten obligados a incurrir en rigurosas dietas, muchas veces innecesarias.

La población femenina es la que se observa más afectada por estas idealizaciones del cuerpo, porque al sentirse diferentes a los patrones establecidos, inmediatamente creen que son desagradables al género opuesto y limitan severamente la ingesta de alimentos. La anemia se define como una concentración baja de hemoglobina en la sangre, lo cual dicho de manera más simple sería la escasez de glóbulos rojos, blancos y plaquetas. La hemoglobina es una molécula que se encuentra en el interior de los glóbulos rojos de la sangre y sirve para transportar el oxígeno hasta los tejidos. Por ello cuando existe anemia severa, los mismos tienen dificultad para llevar a cabo el proceso de oxigenación y la persona se siente cansada, su pulso está mayormente acelerado, no tolera bien el esfuerzo físico y tiene una sensación de falta de aire. Si una persona advierte que presenta estos síntomas u otros como mareos, dolor de cabeza, frío en las manos y pies, piel más pálida o amarillenta de lo normal, calambres, falta de concentración y eventualmente dolor de huesos, espalda a la altura de los pulmones, el abdomen o las articulaciones, son vastos indicios del desarrollo de la afección. Los médicos detectan fácilmente esta situación, mediante un análisis de laboratorio bioquímico sencillo, en el que se detecta cuál es el nivel de hemoglobina en sangre de una persona y de ser menor de lo normal, se confirma el diagnóstico. Los valores de referencia de la hemoglobina son entre 13 y 17 g/dl de sangre en hombres y entre 12 y 16 g/dl en mujeres.

La anemia puede estar provocada por muchos factores, pero los 3 principales son: destrucción excesiva de glóbulos rojos por mal funcionamiento del metabolismo, pérdida de sangre a través de alguna hemorragia (en mujeres es muy común por el período de menstruación mensual) y la producción inadecuada de glóbulos rojos, por falta de suficiente hierro en la alimentación. Entre muchas otras causas, se vincula a la anemia con trastornos hereditarios, problemas nutricionales, infecciones, algunos tipos de cáncer o la ingesta prolongada de fármacos o toxinas.

Los períodos más vulnerables al déficit de hierro son el primer año de vida, la pubertad y el embarazo, como así también el período de edad fértil en las mujeres. En el caso de los bebés, según como haya sido el estado nutricional de la madre durante la gestación, pueden nacer con pocas reservas de hierro, situación que se agrava cuando no son amamantados. Durante la adolescencia, el crecimiento que tiene el organismo es rápido, el desgaste de nutrientes es mayor y las preferencias alimenticias pasan por “comidas chatarras”, lo que torna a este período vulnerable al trastorno.

Comidas saludables para combatir la anemia

Una alimentación adecuada evita y revierte un gran número de cuadros de anemia, originadas en la falta de hierro. Las recomendaciones de los especialistas en este sentido, apuntan a consumir carnes magras, sobre todo las rojas, pero también hígado, paté o las partes más oscuras del pollo como las patas. No necesita ser una gran porción, pero sí una ingesta frecuente. La combinación de ingredientes es de gran ayuda, sobre todo si se complementan pollo o pescados con legumbres, ya sean arvejas, garbanzos o lentejas. El hierro de estas carnes favorece la absorción de dicho mineral contenido en las legumbres. También algunos vegetales colaboran en sacarle mejor provecho a las legumbres, por lo que tomate, morrón, espinaca, papa, brócoli, coliflor y limón, son buenos complementos. También es aconsejable beber jugos cítricos (naranja, pomelo, limón, mandarina, kiwi) en desayunos y meriendas, dado que la vitamina C que contienen, ayudan a la absorción del hierro a ingerir en las comidas principales. Para aquellos reacios a consumir este tipo de alimentos, existe también la posibilidad de optar por cereales o elaboraciones fortificados con hierro, que el mercado ofrece en diversas presentaciones. En cuanto a los hábitos a eliminar, el café o té son las principales infusiones a suprimir, ya que bloquean la absorción del hierro. También todo buen tratamiento incluye mitigar el estrés y evitar situaciones de nervios o ansiedad en la medida de lo posible. Por su parte, los suplementos vitamínicos naturales ayudan a regular los déficits de nutrientes, por lo que comprimidos de hierro, cinc, vitamina B 12, entre otros, pueden ser buenos aliados, siempre y cuando sus dosis estén prescriptas y supervisadas por un profesional.

La anemia por falta de hierro es conocida como “desnutrición oculta”, porque no produce síntomas llamativos, pero desgasta el organismo por dentro y desencadena el mal funcionamiento de la mayoría de los metabolismos y aparatos. Estar “gordos” o “flacos” no es sinónimo de nutrición o de ausencia de la anemia, por lo que la realización periódica de los exámenes de laboratorio, constituyen la mejor herramienta para cuidar de nuestra salud. El concepto de belleza es muy subjetivo, por lo que hay que aprender a romper con los esquemas culturales, aceptarse tal cual es uno mismo y priorizar la calidad de vida por sobre las aprobaciones y catalogaciones superfluas.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio está protegido por reCAPTCHA y se aplican la política de privacidad y los términos de servicio de Google.