Carlos Sigvardt: “La gran reconfiguración de la infancia”

El vicepresidente de la Fundación Educación Emocional, Carlos Sigvardt, se refirió a la reconfiguración de la infancia, expresando que “debemos reconocer lo difícil que es ser padre o madre hoy en día, o profesor o director de una institución escolar o entrenador o cualquiera que trabaje con niños y adolescentes. Es aún más difícil ser adolescente. Todos intentamos hacer lo mejor que podemos mientras tenemos que lidiar con un conocimiento incompleto sobre el mundo tecnológico que cambia con rapidez y que está fragmentando nuestra atención y cambiando nuestras relaciones”.

“La naturaleza nos ha diseñado de forma que encajemos en el entorno, pero no en el entorno que estamos creando. La humanidad evolucionó en la tierra. La infancia evolucionó para el juego físico y la exploración. Los niños prosperan cuando están enraizados en comunidades al mundo real, no en redes virtuales incorpóreas. Crecer en el mundo virtual fomenta la ansiedad, la anomia y la soledad. La gran reconfiguración de la infancia, de la basada en el juego a la basada en el teléfono, ha sido un error catastrófico. Es hora de poner fin al experimento. Traigamos a nuestros hijos de vuelta a casa. Pocos padres quieren que sus hijos preadolescentes desaparezcan en el teléfono, pero la sola idea de que sus hijos sean unos parias sociales, sus amigos tienen móvil y él no, es aún más angustiosa. Muchos padres, por lo tanto, ceden y les compran a sus hijos un Smartphone a los 11 años, o antes. A medida que más padres acceden, aumenta la presión sobre el resto de los niños y sus padres, hasta que la comunidad alcanza un estable pero desafortunado equilibrio: todo el mundo tiene un Smartphone, todo el mundo desaparece en ellos y termina así la infancia basada en el juego”.

Perjuicios fundamentales de la infancia basada en el teléfono: “1) La cantidad de tiempo que los adolescentes dedican a sus teléfonos es muy impactante. Privación social de tiempo con amigos. 2) Falta de sueño efectos a largo alcance: depresión, ansiedad, irritabilidad, déficits cognitivo, aprendizaje insuficiente, peores calificaciones escolares, más accidentes y más muertes accidentales. 3) Fragmentación de la atención, muchos adolescentes reciben cientos de notificaciones diarias, lo que supone rara vez tienen cinco o diez minutos para pensar sin interrupciones. 4) Adicción: La liberación de dopamina es placentera, pero no produce una sensación de satisfacción sino que nos hace desear más de lo que lo que desencadenó dicha liberación. Síntomas de la abstinencia son ansiedad, irritabilidad, y disforia. Cuando sumamos estos cuatro perjuicios fundamentales, se explica por qué la salud mental empeora tanto y tan de repente en cuanto la infancia empezó a basarse en el teléfono, la virtualidad es azúcar para un cerebro en formación. No se trata de demonizar la tecnología, sino de entender cómo afecta nuestra química cerebral y nuestras decisiones diarias la virtualidad es azúcar para el cerebro de un niño. Debemos encontrar el equilibrio entre lo digital y lo real, generando hábitos que en determinados momentos por ejemplo en la escuela, en el almuerzo y en la cena restringir el uso del móvil, rediseñar las interacciones digitales para que beneficien a los niños a largo plazo, podemos usar la tecnología para potenciar experiencias reales en lugar de sustituirla. El cerebro no distingue entre lo “bueno” y lo “malo”; simplemente responde a los estímulos que le damos. La clave es elegir conscientemente los estímulos que realmente nos benefician, y no dejar que los algoritmos decidan por nosotros, fomentemos el espíritu crítico. El carácter de los problemas necesita de la acción colectiva, podemos presionar para que se aprueben leyes dirigidas a detectar las trampas y cambiar los incentivos, en las escuelas planificar y enseñar para un buen desarrollo emocional, promocionar el juego libre, deporte, vida en la naturaleza y la lectura por placer, con el acompañamiento de los padres, comunidades educativas y deportivas, etc. Si actuamos colectivamente, podemos revertir la infancia basada en el teléfono, recuperar hasta cierto punto, una infancia más sana emocionalmente, basada en el juego”.

Fuente: La generación ansiosa, Jonathan Haidt

Foto: Hemisferio Web

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