Bukele: “Nuestra experiencia en El Salvador nos ha enseñado que es imposible un cambio tan grande sin la intervención de Dios”

El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, participó días pasados en el “74º Desayuno Nacional de Oración”, que se concretó en Washington (EEUU), donde reflexionó sobre la transformación de su país, mencionando que pasó de ser el lugar más peligroso del mundo al más seguro.

Bukele afirmó que “en un mundo impulsado por agendas políticas, en el que todo debe ir rápido, en el que todo se hace de prisa y todo sucede a alta velocidad, este espacio nos brinda una oportunidad excepcional de pausar y reflexionar y un momento para recordar por qué hacemos lo que hacemos. El liderazgo no es solo administrar, eso es lo básico. El verdadero liderazgo se trata de una sola cosa: tomar decisiones, pequeñas, medianas, grandes o decisiones monumentales que influyen en las vidas de millones. Y eso no siempre es fácil, tomar las decisiones correctas no siempre es fácil. Hay un pasaje en la Biblia, que me parece sumamente importante para los que están en cualquier posición de liderazgo. Nos habla de cuando Salomón ascendió al trono. Dios se le apareció en un sueño, lo invitó a pedir aquello que más deseara su corazón. Como sabe, Salomón pudo haber pedido cualquier cosa. Riquezas, poder, victorias sobre sus enemigos o una vida larga con salud y felicidad. Pero no lo hizo. No pidió nada de eso. Pidió sabiduría para poder servir bien a su pueblo. Y Dios le respondió, le concedió sabiduría extraordinaria. Además de darle todo lo que ni siquiera le había pedido. Este mensaje es intemporal. Los líderes no deberían pedirle a Dios riquezas, ni fama, ni posesiones materiales, deberían pedirle sabiduría. Hace unos días, tuvimos el honor de ser el país anfitrión del primer Desayuno Nacional de la Oración en El Salvador. Ahí les compartí un poco del milagro que vivimos en nuestro país. Como sabrán, éramos la capital de homicidios del mundo. Era el lugar más peligroso y ahora es el más seguro de todo el continenteNuestra experiencia nos ha enseñado que es imposible un cambio tan grande sin la intervención de Dios. La transformación de El Salvador, especialmente en seguridad, no solo es el resultado de decisiones humanas. Sabemos que solamente fue posible gracias a que Dios obró un milagro a través de nosotros. Le damos la gloria a Él. Nos guio para tomar decisiones claves incluso en los momentos de mayor oscuridad. Algo que muchos no saben es que nuestro enemigo no solo era de carne y hueso, sino también espiritual. Las pandillas no solo asesinaban, violaban y extorsionaban. También le rendían culto a SatanásCuando íbamos a sus casas a arrestarlos, encontrábamos los altares que tenían rituales satánicos. Todo está documentado. Publicamos las fotos y los videos de inmediato. Pero por alguna razón, los grandes medios de comunicación decidieron que no valía la pena hacer cobertura de eso. Sabemos que las pandillas en El Salvador le rendían culto al diablo y algunas están aquí en Estados Unidos. Traer seguridad para nuestra gente significó defenderlos de eso. Defender a los inocentes de esa plaga, priorizar la seguridad de las personas honradas. Proteger a los que buscaban paz u debieron enfrentar la maldición de las pandillas. Si Dios obró así por El Salvador, puede hacerlo para todos los países del mundo. Pero primero debemos pedir sabiduría. Todo aquel que es testigo de lo que hacemos, ve hombres y mujeres valientes que trabajaron duramente y lucharon aún más y pusieron sus vidas en riesgo. Una valentía increíble. Pero no habría servido de nada si no fuera porque Dios quiso que ganáramos la batalla. Ganamos primero la guerra espiritual y esa victoria se tradujo al mundo físico… Hay otra frase célebre de la Biblia: ‘El caballo se alista para el día de la batalla; Mas Jehová es el que da la victoria’. La victoria reside en Él. Es por eso que hoy no venimos a pedir prosperidad, riqueza o fama, sino venimos a pedir sabiduría, para todas las personas aquí presentes, para todos los hombres y mujeres en puestos de poder, para las personas que toman decisiones, para los que hacen políticas, para los empresarios, para los hombres y mujeres que influyen directamente e indirectamente en la vida de miles de millones de otros seres humanos. El liderazgo nunca implica tomar decisiones a favor de pocos y muchos menos con el interés propio. Implica tomar decisiones que apoyan y protegen a nuestra gente y honran el encargo que se nos ha dado. Nuestra experiencia nos enseñó que gobernar no nos obliga a tener siempre todas las respuestas. Pero sí nos obliga a buscar la sabiduría de Dios, a buscar su guía antes de tomar cualquier decisión. Nos obliga a prepáranos de la mejor manera posible y a recordar quien en última instancia nos da la victoria: que Dios les dé sabiduría a todos los líderes del mundo. Y que nos bendiga a todos…”.  

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