Alfredo Jaiyes y “Pitty” Soria: Una historia de vida de permanente ayuda a instituciones de Crespo

Crespo se destaca por contar con valiosas personas que con mucho compromiso con la comunidad, donaron o aportan su tiempo a organizaciones y causas solidarias. Dos de ellos sin dudas son Alfredo Jaiyes y su esposa Urbana “Pitty” Soria, reconocidos vecinos de esta ciudad, con destacadas trayectorias en instituciones locales. Esta semana, en una emotiva charla con El Observador contaron sobre los sueños cumplidos, logros y experiencias, que merecen ser resaltadas: “En nuestra vida tuvimos un ángel que se llama vocación de servicio. Juntos, hicimos muchísimas cosas para Crespo, como lo hicieron otros grandes hombres y mujeres, gente que ha dado de su tiempo para hacer algo en clubes, escuelas y otros organismos. Y lo hicieron con un único fin, ayudar y ayudar. Y sin fines de lucro, al contrario, muchas veces, han puesto dinero de su bolsillo para socorrer momentos circunstanciales de las instituciones en la que estaban” destacaron en el inicio de la entrevista. Alfredo contó que “ingresé a esta ciudad, en 1993, me instalé con un negocio y conocí mucha gente que me alentó a continuar un camino que ya lo hacía, cuando vivía en Rosario. Allí, de un primer matrimonio, tuve 2 hijos que fueron a la primaria, secundaria y a la Universidad… Cuando mi hijo menor tenía 7 años y estaba en 1º Grado, recuerdo algo que nunca en mi vida me lo voy a olvidar: había trabajado un sábado a la noche y me quedé dormido, porque me había acostado muy tarde: mi hijo se acercó a la cama, me tocó el hombro y me dijo, ‘papá, tenés que ir a la escuela, me prometiste ir a la asamblea de la Cooperadora y siempre me dijiste que lo que se promete se tiene que cumplir’. Salí de la cama, un poco cansado y me fui a la asamblea. Desde ese momento y durante 15 años, participé y fui presidente de la Cooperadora (Escuela Nº 91 ‘República de Brasil’) donde se hicieron tantas cosas, en un barrio muy humilde de Rosario. Estando ya separado, el destino me hizo reencontrarme con ‘Pitty’, en ese momento una gran amiga y de ese destino, escribí un libro que se llama ‘Capricho de un destino’, que va a ser publicado el día que muera. En ese momento, ella me invitó a venir a Crespo y al cabo de 3 años fue mi nueva pareja, con la que ya estamos cerca de cumplir los 30 años de matrimonio”.“Como ‘Pitty’ trabajaba en la Escuela Especial Nº 11 y la institución pasaba por un momento muy difícil, incluso estaba cerca de ser cerrada, porque no había dinero, me hice socio de ACADME y conocí a un gran hombre, Alberto Weiss, ya fallecido, quien me invitó a formar parte de la Comisión. Desde 1994 a 2003 estuve allí, primero como secretario y luego como presidente. Se lograron tantas cosas, incluso fuimos nominados por un organismo que se llama ‘El Supremo’, ganando el galardón como la mejor institución de la provincia. Recordar estas cosas me emociona mucho, porque a veces nos preguntamos qué nos llevó a hacer lo que hicimos por las instituciones y la respuesta es que uno a todo esto lo hace por su comunidad. Antes de instalarme en Crespo, cuando volvía a Rosario, tomaba un colectivo a las 12 de la noche y siempre me encontraba con una señora sentada en la Terminal, con 2 chicos con discapacidad en brazos, saliendo para Buenos Aires, para controles médicos, tratamientos… Ella es Silvia y la valentía y esfuerzo de esa mamá, siempre me alentó a trabajar por la Escuela 11, tan querida en la ciudad. Al tiempo, ella, junto con su esposo, 2 personas de mucha lucha, también integraron la Comisión de ACADME” recordó.“Pitty” contó que “hice mi carrera docente en un pueblito llamado Siete Palmas (Formosa) hasta que regresé a Crespo. Trabajé en la Escuela Nº 187, hasta que surgió una vacante en la Escuela Nocturna Nº 97 ‘La Cautiva’, donde nos presentamos junto con Cristina Serra de Paúl. Fui directora con grado a cargo. La población escolar era de solamente 7 alumnos, así que salimos a buscar a personas que no habían terminado la primaria, barrio por barrio, casa por casa y logramos que muchos se sumen. Después, como vimos que el comedor escolar era solamente una galleta y una taza de mate cocido, empezamos a gestionar, teniendo en cuenta que quienes asistían era gente mayor, que salía de trabajar e iba a estudiar y terminaba a las 10 de la noche. No sé cuántas veces viajé a Paraná y logramos en Crespo abrir el primer comedor de escuelas nocturnas de la provincia. En esa institución estuve hasta que me jubilé y aparte, trabajaba en la Escuela Nº 11, como secretaria. Amé la docencia y la extrañé mucho cuando la dejé. Y mientras tanto, siempre estuve involucrada en las instituciones, en el Centro de Jubilados Provinciales; también tuve mi academia de folclore ‘La Huella’, donde muchos profesores se recibieron ahí. Ese grupo, bailó el pericón como broche de oro en los festejos por el centenario de Crespo” rememoró. Además, impulsó la creación de cursos de oficios con salida laboral, integró el grupo fundador del IMEFAA (Instituto Municipal de Expresiones Folclóricas Artesanales y Artísticas), fue colaboradora en la Parroquia Nuestra Sra. del Rosario, entre otros tantos aportes para la comunidad en su faz social, por lo cual recibió la “Distinción al Mérito” por parte del Gobierno Municipal, por sus acciones solidarias y trayectoria.Alfredo agregó que “en la ‘Escuela La Cautiva’, ‘Pitty’ logró algo que dejó para este pueblo: fue a Buenos Aires para pedir computadoras y trajo cursos de plomería, electricidad, gasista. Un profesor les dio clases a esos alumnos, que eran como 40, de los cuales se recibieron 35, que hoy están en la ciudad viviendo de ese oficio”. Jaiyes, además de lo mencionado en ACADME y de presidente de la Cooperadora de ‘La Cautiva’, integró el Centro de Jubilados Nacionales, ocupando el cargo de secretario; fue colaborador de AVACC y presidente del Comité local de la UCR, comentando que “tuve la suerte de compartir espacio con grandes personas, como Darío Schneider, Hernán Jacob, Juan D. Elsseser, Marcelo Cerutti, Julián Maneiro, Elina Ruda, Raúl Caballero, entre otros”. “Son muchos años de trabajo, pero los años no pesan cuando se hace con amor. Hay gente que dice ‘no me meto en las instituciones, porque no quiero comprometerme’. Hay que hacerlo, es tan hermoso poder ayudar. Así como nos gusta recibir, también es bueno dar. Yo en este momento, tengo dificultades para caminar y cuando voy por las calles, veo que se me acercan hombres, mujeres y hasta niños, a decirme, ‘Señor, ¿lo ayudo? ¿Le doy una mano?’. La considero una compensación a todo lo que uno pudo haber hecho en la vida” remarcó Jaiyes, quien finalizó diciendo: “Felicito a El Observador que está haciendo estas notas, recordando a quienes han pasado por las instituciones, porque soy de las personas que piensan que a los honores, si se lo merece, a un dirigente hay que hacérselos en vida. No sirve de nada después de fallecido. Puede ser algo para la familia. Pero para uno, recibir un aplauso, escuchar un bravo o un gracias, es una caricia al alma…”.

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