¿Cuando los hijos se convierten en padres de sus padres?

Como el orden natural lo indica, los seres humanos son hijos de sus padres y luego, con el paso del tiempo, se preparan para la maravillosa experiencia de ver crecer a sus hijos, educarlos y disfrutarlos. Se convierten en padres de sus hijos.

Sin embargo, hay un momento de la vida en que los padres, al perder su autonomía con el comienzo de determinadas limitaciones físicas o pérdida de facultades mentales características de la cuarta edad, hacen que sus hijos se convierten en padres de sus padres.

La difícil tarea de asumir el cuidado de padres que envejecen y ya no pueden valerse por sí mismos deja atrapados a los adultos en la necesidad de asumir nuevos roles, ocupándose de su atención y asistencia, sin descuidar a su vez a su familia, su trabajo y las tareas domésticas.

“Hay que empezar a tomar decisiones por ellos y esto nos resulta muy difícil porque ellos no quieren perder su autonomía, e incluso quieren continuar tomando decisiones que muchas veces nos involucran y los perjudican a ellos mismos, mientras a nosotros como hijos nos preocupa que esto los enfrente a situaciones que pongan en riesgo o descuiden sus vidas. Por un lado, sentimos la necesidad y las ganas de ayudarlos, mientras que por el otro, sentimos molestia, enojo y ganas de evadirnos del problema”, dice Tamara Chaffittelli, licenciada en Psicología y directora de Dulces Compañías, un centro de búsqueda y selección de personal especializado en cuidado de ancianos.

Cuidar de un familiar resulta muy gratificante, aunque en algunas oportunidades supone una tarea ardua y agotadora. El adulto mayor se vuelve muy dependiente a la hora de las actividades cotidianas y estas circunstancias llevan a la familia a reacomodar los roles, generando modificaciones en la estructura familiar.

Las situaciones más difíciles acontecen cuando alguien se ve forzado a asumir ciertas tareas sin desearlo, lo que muchas veces genera conflictos que distorsionan el clima emocional. Para evitar esos inconvenientes, es necesario que padres e hijos aprendan a redefinir su relación porque se trata de un cambio en las funciones: el que antes poseía cierta autoridad ahora pasa a ser el necesitado.

Consejos

-Si el adulto mayor está lúcido, escucharlo para ver cuál es su deseo y dar lugar a la negociación, priorizando su integridad física y mental.

– Si desea quedarse en su hogar, se puede negociar dejarlo ahí, pero a cargo de una persona especializada.

– Es muy importante poder mantener al adulto en su ambiente, porque resulta muy difícil la adaptación a un nuevo entorno.

– Es importante que el cuidador se cuide mucho a sí mismo y que reconozca su necesidad de descansar y de poder desconectarse. Delegar en algunos momentos estas tareas en un tercero, sin sentir culpa.

 

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