¿Se puede evitar que el dolor de cabeza perjudique nuestra vida?

dolor de cabezaUna migraña es un dolor de cabeza recidivante, pulsátil e intenso, que habitualmente afecta a un lado de la cabeza, aunque puede extenderse al resto de la misma. Empieza repentinamente y puede estar precedido o acompañado de síntomas visuales, neurológicos o gastrointestinales. Aunque puede iniciarse a cualquier edad, generalmente comienza en personas de entre 10 y 30 años de edad y es más frecuente en mujeres que en varones. Si se tiene en cuenta que más del 50% de los pacientes con migraña tienen familiares que también la padecen, es de suponer que la tendencia puede estar transmitida genéticamente.

En el mundo, el 12% de la población de más de 14 años padece migrañas y el 55%, la sufre más de 3 veces al mes. Por otra parte, uno de cada 4 pacientes no sigue el tratamiento preventivo prescrito por su neurólogo y un 40% se automedica, para tratar el dolor.

El Dr. Gustavo Cuadros, neurocirujano que atiende en Crespo y otras localidades de la región, explicó a El Observador que “clínicamente una migraña, es un problema neurológico que se presenta en la población en general, pero que tiene una alta prevalencia en las mujeres. La molestia que causa es producto de la inflamación de las arterias del cerebro y la dilatación de los vasos. La sensación de punción, es habitualmente unilateral, es decir de un solo lado de la cabeza, pero existen pacientes a los que les migra el dolor, localizándose en la frente, atrás de la nuca, en la mitad del cráneo o detrás del ojo. En general, es un cuadro benigno, que no está relacionado con trastornos que vayan a causar un problema serio para la vida del paciente, pero la intensidad del dolor disminuye la capacidad de concentración e incluso obliga a algunos pacientes, a guardar reposo”.

La falta de sueño, determinados alimentos, alteraciones climáticas y hasta factores emocionales son algunos de los principales disparadores de la migraña crónica. Sin embargo, la compleja fisiología hormonal femenina, es lo que marca la diferencia. Así lo confirman las estadísticas: el 91% de las personas que sufren migraña crónica (2,5% de la población) son mujeres.

“Existe evidencia científica que avala la relación entre la migraña y las hormonas femeninas”, señaló el Dr. Pablo Schubaroff, neurólogo especializado en cefaleas del Centro Integral del Dolor del Instituto Fleni.

El trastorno aumenta después de la pubertad y los picos se dan entre los 20 y 40 años y puede empeorar con el ciclo menstrual o estar relacionado con el mismo. Como contrapartida, las crisis disminuyen durante el embarazo o luego de la menopausia, detalló el neurólogo.

 

No se dispone de ninguna prueba de laboratorio que sea útil para el diagnóstico de la migraña, aunque, debido a su patrón específico del dolor, suele resultar fácil identificarla. Alrededor del 20% de las personas manifiestan síntomas de depresión, irritabilidad, inquietud, náuseas o falta de apetito, que aparecen unos 10 a 30 minutos antes de iniciarse el dolor de cabeza (período denominado aura o pródromo).

Un porcentaje similar de personas pierde la visión en un área específica (denominado punto ciego o escotoma) o perciben luces dispersas o centelleantes y con menos frecuencia sufren una distorsión de las imágenes, como por ejemplo, cuando los objetos parecen más pequeños o más grandes de lo que en realidad son. Otros, experimentan sensaciones de hormigueo y en menor medida, debilidad en un brazo o pierna. Es habitual que estos síntomas desaparezcan poco antes de iniciarse la cefalea, pero a veces, se mezclan con el dolor.

La medicación intensa es empleada para tratar cefaleas determinadas y deben usarse rápidamente en la fase inicial. En ocasiones también son efectivas para la reducción de otros síntomas del ataque, como las náuseas, los vómitos o la sensibilidad al ruido o la luz. Las terapias preventivas son empleadas de forma diaria para prevenir los ataques o reducir su frecuencia y severidad. Dentro de las mismas se encuentran las farmacológicas y las no farmacológicas, como las terapias físicas y de comportamiento.  Los especialistas recomiendan anotar la fecha y el momento en el que comienza cada cefalea y su duración y cualquier otro signo de migraña, tales como náuseas, vómitos, sensibilidad a la luz, sonido u olores y las posibles causas que pudo provocarla. Con esa información, un médico podrá identificar el patrón de los dolores y ajustar el tratamiento.