Pastor Pérez: “La droga no está ajena a ningún lugar”

En Nogoyá se conformó un grupo multidisciplinario que trabaja en la Prevención de Adicciones, abordando casos de personas afectadas por la droga, el alcohol y otros flagelos. Uno de los integrantes de dicho grupo es el presidente de la Federación de Pastores de Entre Ríos, Daniel Pérez, quien en su función de asistente terapéutico en adicciones, brinda charlas en diferentes puntos de la provincia, “buscando asistir a quienes se encuentren transitando el penoso camino de alguna adicción” y contó que aquellas personas interesadas en recibir un consejo o una ayuda, de Nogoyá o de cualquier punto de la provincia, pueden llamar a los teléfonos 03435-424198 ó 0343-154-18349.

El Pr. Pérez expresó que “abarcamos un amplio espectro, porque más allá de las sustancias que se puedan estar consumiendo y que llevaron a una persona a la adicción, hay otras cuestiones que también nos conducen a la adicción, como la pornografía, juego, internet y otras. Aún las cosas más domésticas y cotidianas que pensamos que no son malas, nos pueden provocar un daño” afirmó.

– ¿Hay un enfoque espiritual en el trabajo que llevan a cabo?

– Trabajamos cada uno desde el lugar que ocupamos, nunca abandonamos lo técnico, por eso nos acompaña Paula Taborda (excelente psicóloga y mejor ser humano). Pero en este tema puntual de las adicciones, las personas necesitamos tener el sello que se pone a través de la fe y donde no existe una fe puesta en Dios, en realidad, no se puede sostener demasiado tiempo una lucha. En la carta del apóstol Pablo a los romanos, en el capítulo 12 vers. 2 se dice “cambie su manera de pensar y va a cambiar su manera de vivir”. No hay que ser demasiado inteligente ni espiritual para saber que si uno quiere cambiar la situación, será por la manera en que piensa acerca de una determinada situación. En una adicción no se va a decir solamente “no consumo más”, el milagro se tiene que originar desde el pensamiento, desde la fe… Desde la Iglesia he trabajado siempre en este tema y lo sigo haciendo, máxime con el lugar que uno puede ocupar en la provincia en la Federación de Pastores. Estamos sensibilizados ante el problema que tiene el ser humano y a veces, nos olvidamos de algunos problemas graves. Desde la Iglesia y más nosotros como gente de fe, debemos hacer más hincapié en esto.

– En los contactos que tiene fundamentalmente con los familiares de los adictos, ¿les informan sobre cuáles son las drogas que más consumen…?

– En este tiempo, lo que más vemos, además de la marihuana, son casos de personas que consumen cocaína. Pero en nuestra zona también ya está instalado el paco, cosa que no teníamos hasta hace poco tiempo. Las redes no solo se tejen para el bien, como las territoriales, las que se pueden hacer para beneficiar a la ciudadanía, también se tejen redes para comercializar sustancias que no son buenas para el ser humano. La droga no está ajena a ningún lugar, tenemos en la ciudad y en el campo. Para graficar, la droga es como la tierra que vuela, si tenés tu casa cerrada, el polvillo intenta entrar, inclusive en las familias bien constituida. Hay que desmitificar eso que la droga llega porque hay pobreza, porque hay ignorancia, porque los padres se separaron… La droga está en el “palacio” y en el “rancho”, en pobres y ricos… Tenemos familias bien constituidas con integrantes afectados por este flagelo. Todos debemos ser reeducados y aprender a convivir con lo que nos toca vivir hoy.

– ¿Es una lucha perdida?

– A las drogas no las vamos a erradicar, pero debemos seguir trabajando con mucha fuerza y esta es una siembra continua en prevención que nos van a agradecer las generaciones futuras. Así como hemos visto decaer en algunos aspectos a la generación actual, creo que si hacemos la siembra que corresponde y tomamos conciencia y sensibilizamos a los actores de la sociedad, en las próximas vamos a ver los cambios a favor, sino estaríamos ante una falta de fe y optimismo. Mientras tanto, hay que aprender a convivir con lo que tengo que decir que sí y con lo que tengo que decir que no…

– ¿Los padres piden leyes más severas contra las sustancias prohibidas?

– Cuando un padre o un familiar cercano llega a pedir ayuda, para ellos, como vulgarmente se dice, el adicto es un “fierro caliente” y lo que quiere es soltarlo lo antes posible, llevarlo a algún lugar o que aparezca una varita mágica y que lo cure, pero todos sabemos que esa es una utopía. El problema no es solamente para el afectado, ya que cuando hay alguien en problemas, le toca a la familia, puede ser a los amigos… Muchas veces se escucha decir que por mis hijos hago lo que sea, pero la realidad me mostró, en las charlas que hemos tenido, que muchos se mienten a sí mismo, que no lo hacen. Llegan a pedir una solución, pero cuando les hacemos ver que parte de la resolución está en sus manos, hay una contra-respuesta. La experiencia nos dice que la familia es quien más juega en contra de la persona que tiene una adicción, son muy pocos los que realmente colaboran y eso nos preocupa. Por ese motivo estamos trabajando más con los padres que con los hijos en problemas…

– En los diálogos que tiene con pastores de otras ciudades, ¿tienen la misma sensación que usted?

– En cuanto a lo pastoral, se quiere tratar al tema como algo más y a falta de capacitación y de interés, no se avanza como se debería. Recorro mucho la provincia, dando distintas charlas invitado por municipios y falta ver más pastores o gente de congregaciones involucradas en la prevención de la droga. Y no creamos que nuestros hijos que están en la Iglesia, están “vacunados” contra todas las cosas, esto le puede tocar a cualquiera… Creo que hay que levantar antes la voz y más en nosotros, que somos gente de fe. En mi caso atendí a personas de distintas ciudades Entre Ríos, de provincias vecinas y viajamos continuamente a la República Oriental del Uruguay y en Nogoyá formamos parte de este equipo, brindando herramientas para reforzar la comunicación dentro del núcleo familiar y así mejorar sus vínculos, la resolución de conflictos y todo lo que tiende a mejorar la calidad de vida en las relaciones interpersonales a través de educar nuestras conductas y emociones.

Fruto de esto e inquietados por la necesidad de la sociedad, hemos comenzado un emprendimiento privado familiar con la compra de un campo, donde construimos lo que se llamará “Nueva Esperanza”, una comunidad para recuperación no solamente de adicciones sino para que vivan y sean sanas personas con problemas de violencia, abuso, situación de calle o que están atravesando conflictos o crisis en su vida personal o familiar. Este lugar está ubicado en XX de Septiembre (Departamento Nogoyá) y será un lugar distinto en la provincia, pero lo más importante serán los resultados maravillosos de vidas cambiadas que desde allí saldrán.