Las Cuevas: Loable tarea de Silvia Eberle, quien recorrió más de 30 años al servicio de toda una comunidad

1406-LAS CUEVAS-Silvia-Hna-MarisaCon casi 33 años de servicio en la vocación de docente, hoy la ex directora de la Escuela Nº 103 Ceibos Floridos de Las Cuevas, Silvia R. Eberle, oriunda de Crespo, disfruta de su merecida jubilación.

Por este grato acontecimiento, la comunidad educativa le organizó una emotiva despedida, que se concretó el pasado 19 de marzo en un acto realizado en el Salón San José Freinademetz, que contó con la presencia y para sorpresa de ella, de sus hermanos, cuñada, esposo e hijos, padres de los estudiantes, exalumnos y vecinos de la comunidad. En el mismo recibió como agradecimiento a su loable tarea a lo largo de estos años, diferentes presentes por parte de las autoridades de la entidad y de la Congregación Misionera. También en la jornada se celebró una misa en Acción de Gracias, la que fue presidida por el Padre Jorge Zalazar, radicado en la localidad santafesina de Esperanza, quien se hizo presente para compartir esta despedida de esta gran docente.

En la jornada de homenaje, también se concretó un sketch, organizado por los docentes, al estilo de los programas televisivos de Mirta Legrand y Susana Giménez, esta última con el asistente “Susano Gaucho”, donde le realizaron una entrevista, en la cual le preguntaron sus vivencias, historias y anécdotas.

En dicho acto, Eberle se dirigió a los presentes y dijo: “Gracias y levanto mi copa y brindo por mucho más… que el Espíritu Santo siga iluminando a los que están ahora al frente de la entidad y que con ímpetu y ganas la sigan proyectando en crecimiento a un futuro mejor y por el bien de nuestros pequeños y adolescentes porque todos nos merecemos algo mejor. Adelante Ceibos Floridos y una vez más ¡Gracias! a todos con quienes compartí parte de mi vida en esta querida localidad de Las Cuevas y reitero mi agradecimiento por haberme permitido conocerlos … los llevo en mi corazón”.

Para el cierre de la despedida, la docente y sus colegas compartieron una cena en Diamante el pasado sábado 22 de marzo.

Haciendo un repaso de su historia educativa, Eberle, comentó que “me recibí en 1979 en el profesorado de Educación Primaria que se dictaba en el Colegio Sagrado Corazón de Crespo. Comencé a dictar clases como suplente en el Colegio Santa Teresita de Seguí y luego me trasladé a trabajar en 1981 a Las Cuevas, donde fui convocada por la querida y recordada Hermana Myria, junto con la entusiasta y emprendedora Hermana Clara Ester Roskopf. Allí también hice una suplencia y me quedé también en el Hogar al cuidado de los niños internos y con el transcurso de los días salió otra suplencia, pasando así el primer año de actividades educativas en esta institución. Al año siguiente fui nuevamente convocada a ser parte de la Escuela Nº 103 y así fue que quedé en permanentemente en este lugar, con sus ‘pro’ y sus ‘contras’, donde al principio me costó ambientarme pero al ir conociendo a la gente, me aquerencié en esa zona y así fueron transcurriendo los años hasta llegar al presente. Hoy veo cómo ese tiempo pasó tan rápido y estoy sumamente sorprendida, porque pasaron casi 33 años (32 años, 10 meses y 10 días) y ahora debo decir hasta pronto mi querida Ceibos Floridos, porque pasé a ser ahora una pasiva, una jubilada. Pero estoy bien, me siento bien, a pesar de que extraño a los chicos con sus historias diarias; a los grandes, colegas docentes, con su alegría de siempre con la cual concurren a su trabajo, siempre acercando positivismo a toda esa gente linda de este lugar”.

Comentando algo más de sus vivencias, la docente jubilada, expresó que “fueron años hermosos los que viví en el Hogar Escuela, casi 10 años compartiendo actividades con otros colegas, atendiendo a algo más de 200 niños y niñas en el internado; ayudando en tareas de higiene, enseñar a cultivar la tierra, preparar la comida para el día siguiente y otras muchas cosas que hacíamos con mucho entusiasmo y vocación, algo que sino lo tuviéramos, nada de esto sería posible”.

Por último la docente agradeció a “las Hermanas Misioneras, Siervas del Espíritu Santo porque con ellas reforcé mi Fe, mis ganas de trabajar, el amor al prójimo, ese servicio por el otro… que es lo más!. Gracias a las hermanas de antes y las actuales, quienes en algunas ocasiones me permitieron participar en Asambleas, encuentros anuales, en varios lugares tanto en la Argentina como en el exterior (Chile), para después compartir con nuestra gente las experiencias espirituales vividas en esos lugares y aportar algo más en la misión evangelizadora y educativa. Cada una tiene algo que quedó grabado en mi ser y en mi corazón, al igual que de todos los docentes y profesores de quienes aprendí mucho, porque caminando juntos buscábamos lo mejor para hacer crecer esta ‘Nuestra Ceibos Floridos’, la cual fue creada con mucho sacrificio para beneficiar, acompañar y ayudar a los más humildes”.