Especialistas aseguran que la envidia es una enfermedad que destruye a las personas

envidiaFue el Papa Francisco quien afirmó días pasados que “los celos y la envidia llevan a matar” y que “los chimentos son las armas del diablo”. El Santo Padre graficó que la Biblia afirma: “Por la envidia del diablo entró el mal en el mundo… Los celos y la envidia abren las puertas a todas las cosas malas. También divide a la comunidad. Una comunidad cristiana, cuando algunos de los miembros sufre de envidia, de celos, termina dividida: una contra la otra. Es un veneno fuerte que encontramos en la primera página de la Biblia con Caín… La primera cosa es la amargura: la persona envidiosa y celosa, es una persona amarga, no sabe cantar, no sabe elogiar, no sabe qué es la alegría, siempre mira qué tiene el otro que yo no tengo… Esto lo lleva a la amargura, una amargura que se difunde en toda la comunidad… Quien no tolera que el otro tenga algo, la solución es rebajar al otro, para que yo sea un poco más alto. Y el instrumento son los chimentos. Busca siempre y verás que detrás de un chimento, están los celos y la envidia”.

Según los estudiosos, la envidia, además de ser uno de los “pecados capitales” bajo la concepción cristiana, es un sentimiento que muchas personas no pueden evitar y que lo único que logra, es carcomer y destruir a aquel que la padece. Se trata de un fenómeno que supone una declaración de inferioridad, tal como lo dijo en su momento, Napoleón Bonaparte, una frase que se hizo celebre con el correr de la historia. Considerada un “pecado capital”, no es por su magnitud, sino porque da origen a muchos otros pecados y rompe con el amor al prójimo que proclama Jesús. En términos médicos, la envidia ha sido definida en diversos términos, según los diagnósticos psiquiátricos.

El argentino Dr. Saúl F. Salischiker por ejemplo, no dudó en afirmar que “cuando una persona se obsesiona y deja de vivir por estar pendiente de la vida de otra persona, entre otras cosas siente agobio por cada uno de sus triunfos. Aparte de mostrar signos de inferioridad, se muestra como una persona psiquiátricamente enferma”.

Mónica Cruppi, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina, definió a la envidia como “una emoción que forma parte de la vida afectiva de todos los seres humanos, siendo un sentir muy peligroso que tortura” mientras que su colega Adriana Guraieb sostuvo que “es un sentimiento socialmente reprobado que debe ser ocultado, porque reconocerlo implicaría un rasgo de madurez de aceptar una carencia y ello no es frecuente”.

El historiador, biógrafo y ensayista griego, Mestrio Plutarco, explicó que “nadie dice que es envidioso y para justificar ese sentimiento, se alegan todo tipo de excusas. Algunos optan por imitar a quienes envidian; otros, si se ven incapaces de alcanzar el mismo objetivo, se deprimen y un tercer grupo se decanta por criticar e incluso conspirar contra quienes los han superado”.

El pensador inglés Jeremy Bentham remarcó que “la envidia y los celos no son vicios ni virtudes, sino penas” mientras que el escritor francés Jean de la Bruyere sostuvo que “la envidia y el odio van siempre unidos, se fortalecen recíprocamente por el hecho de perseguir el mismo objetivo”.

Para el filósofo griego Epicteto, “la envidia es el adversario de los más afortunados”, en tanto que el escritor norteamericano Joseph Epstein, dijo que “nubla el pensamiento, quebranta la generosidad, rompe cualquier vestigio de paz y acaba marchitando el corazón”.

 

¿Se puede curar la envidia?

 

Para el psiquiatra y neurólogo español Carlos Castilla del Pino, “la envidia es intratable e incurable”, no obstante, a quienes descubren que sienten envidia, los especialistas les recomiendan algunas sugerencias, como aprender del otro en lugar de quedarte deseando lo que tiene; si hay algo que provoca envidia, hay que transformarlo en positivo, para mejorar en la vida y en lugar de quedar deseando lo que otros disfrutan o logran, hay que aprender a cómo lo hacen y obtienen. Para quienes son víctimas de la envidia, también se dan algunas sugerencias. En primer lugar, debe asumir que no es responsable de generar ese sentimiento y que el problema “es de la otra persona”. Si descubre que alguien lo envidia y no tiene influencia en su vida, se aconseja no tener ningún tipo de relación. “El envidioso sufre por los éxitos de otros y es lamentable para él, que pierda su energía en eso, en lugar de alcanzar sus propios objetivos. Es importante reforzar constantemente la autoestima en creerse merecedor de lo que uno desea en la vida y capaz de poder alcanzarlo”.