“Era considerado uno de los rebeldes” afirmó el ex párroco de Ramírez

gimenoLa semana pasada en la Casa Municipal de la Cultura de General Ramírez, se presentó el libro “Yo fui sacerdote” de Carlos Roberto Gimeno, quien cuenta sobre su vida dedicada a Dios y su alejamiento de la actividad pastoral. En diálogo con El Observador y Canal 6 contó que “a los 27 años me ordené sacerdote y el 29 de agosto de 2009 decidí terminar con esa etapa de mi vida. Un año antes tenía elaborada esa decisión, pero decidí dilatarla más en el tiempo. Mientras tanto lo conversé con el obispo, reflexioné, inclusive me fui a España unos meses para distanciarme. Necesitaba que Dios así como me acompañó en la decisión de elegir el sacerdocio, también me acompañara en la decisión de dejarlo”.

– ¿Hubo un hecho en su vida donde dijo que no podía seguir?

– Fue en 2003. Era párroco en Ramírez, estábamos haciendo una misión con seminaristas de Paraná y el obispo vino a visitarnos. Durante la comida le pedí que me atendiera unos minutos, ahí me puse a llorar y le dije que no podía seguir más así. Sentía un vacío tremendo, mucha angustia, frustración y demasiada rabia. Tenía que ver con la convivencia con los que fueron mis colegas o hermanos sacerdotes y con el trato con los mismos obispos, quienes pasaron por mi vida en el transcurso del sacerdocio. Hay un problema con los sacerdotes de la Arquidiócesis de Paraná, hay un grave problema humano que llega hasta la elemental falta de respeto entre los mismos sacerdotes. No sabemos contenernos entre nosotros, no sabemos alentarnos ni felicitarnos. Hay como una especie de vigilancia en la cadena de mandos, el de arriba vigila al de más abajo para que cumplan con normas que hay que cumplir, pero no siempre hubo un acompañamiento espiritual ni humano. El sacerdote, renuncia a formar una familia, pero no renuncia a amar y a ser amado o contenido, porque eso es imposible humanamente. En ese punto relacionado a la fraternidad sacerdotal, se resume toda mi frustración durante 24 años y medio de servicio.

– ¿Se los prepara por ejemplo para ser célibes?

– Se da por hecho que tenemos que ser célibes, lo único que te dicen es que debés rezar mucho y abstenerse a determinados tratos que se llaman pecaminosos.

– ¿Sufrió el celibato?

– El celibato siempre es difícil, en cualquier ser humano. Si no lo vivís desde el amor es una frustración, si no lo vivís desde una convicción es una tortura y cuando te vigilan que lo cumplan no te dan ganas de cumplirlo, al contrario puede surgir una rebeldía como lo he comprobado en varios de mis ex compañeros. El celibato lo sufrí cuando no empecé a experimentar la fraternidad sacerdotal. Pensaba el abrazo de una mujer que hermoso sería, el beso de una mujer y no hablo de nada sexual, sino de la elemental contención afectiva que te la puede dar tu hermana, tu mamá, tu amiga, cualquier persona que te quiera. Desde ese punto de vista el celibato me costó y fue dura la parte sexual, pero la afectiva me costó más. Yo no tenía contención, en el presbiterio, que es el conjunto de sacerdotes. Sí me sentí muy querido por la gente. A mí me controlaron, siguieron, me filmaron y grabaron y pusieron un laico que me siguiera a todas partes, pero entonces no era por el tema de celibato sino por una interna en el seminario de derecha e izquierda (dentro de la Iglesia), muchos seminaristas se fueron a la diócesis de San Rafael en Mendoza y yo era considerado uno de los rebeldes, entonces ese laico tenía que descubrir si yo hacía proselitismo político o algo por el estilo…

Material: “El libro es muy positivo, no denigra a la Iglesia ni al sacerdote. Al contrario, enseña mucha cosas que la gente tendría que conocer y tiene un tono muy positivo. Lo pueden encontrar solamente en mi casa o solicitarlo por correo electrónico a crgimenoarrobahotmail.com.ar”