Crespo: Conmovedora historia de lucha, fe y esperanza

Carlos y EvelinEl Observador viene publicando desde hace varios años, historias de vida de familias que fueron y son ejemplo de constancia, fortaleza y deseos de superación. Esta semana dialogamos con Evelyn Acebedo, quien junto a su esposo Carlos Laste, llevan 14 años de matrimonio y que a pesar de haber perdido a 2 hijos a pocos meses de haber nacido, se aferran a dar vida y hoy esperan el nacimiento de Eugenia.

En el inicio de la charla, Acebedo recordó que “en el 7º mes de mi primer embarazo, se vio en la ecografía que el perímetro cefálico (distancia que va desde las cejas y la parte posterior de la cabeza) de nuestra hija no estaba creciendo en la forma esperada. Es decir, la cabecita era muy chica, pero no se sabía en ese momento, qué era lo que tenía. Sin embargo, los médicos nos anticiparon que nos preparemos, porque podía ser algo grave. Y así nació Antonella, quien falleció a los 3 meses, ya que padecía microencefalia y atrofia cerebral. En ese tiempo, 11 años atrás, en Entre Ríos había una sola genetista, quien se estaba por jubilar y coincidió en que en ese momento, ya no estaba trabajando. Como queríamos conocer más sobre lo que había sucedido, nos derivaron a que hagamos una interconsulta en el Centro Nacional de Genética del Hospital Rivadavia (Buenos Aires), donde no se logró determinar si fueron causas genéticas, ya que no se halló ningún síndrome dentro del cual colocar el cuadro que había tenido la nena. Sentimos un gran dolor, porque nos habíamos quedado con los brazos vacíos, pero no perdimos la fe y la esperanza. Nos informaron que las probabilidades de que vuelva a ocurrir algo similar, eran remotas y que quedaba en nosotros volver a intentarlo. En ese momento, pactamos hacer un último intento dentro del período de ovulación. Tras quedar embarazada, los meses posteriores fueron con muchos controles, fundamentalmente por ese antecedente. Nos atendieron los mismos genetistas que nos habían tratado en Buenos Aires, así que cada 25 ó 35 días me hacían ecografías y en el octavo mes, encontraron que una de las válvulas de la cabecita de nuestro hijo, estaba más dilatada que la otra, por lo que se sospechó que podría ser una hidrocefalia… Nació, se llamó Juan Manuel, quien vivió durante 9 meses, con un cuadro de microencefalia mucho más grave que el de su hermanita. Hubo algo que me quedó marcado y que me lo dijo una pediatra de Rosario: ‘El tiempo de vida de estos bebés, depende de ellos, de las ganas que tengan de sobrevivir y del amor que les dan sus padres’. A veces, uno le da muchísimo, pero son bebés que ya no tienen las fuerzas para seguir luchando… Estuvo 4 meses internado en el Hospital Centenario de Rosario y después, viajábamos desde Crespo casi todos los días, hasta que le dieron el alta, con 18 medicamentos para suministrarle. Posteriormente, tuvo neumonía, así que fue internado, esta vez en nuestra ciudad, durante casi 2 semanas. Luego, le aparecieron más complicaciones y fue derivado a un sanatario de Paraná, donde estuvo cerca de 2 meses. En ese momento, hubo que hacerle un botón gástrico, para poder alimentarlo. La cirugía fue muy compleja, salió muy bien, pero después costaba mucho bajarle los medicamentos. Lo afectó también el ‘Síndrome de Wess’, que se caracteriza por presentar convulsiones permanentes… Además tuvo alteraciones físicas, nació con Pie Bot (malformación congénita), por lo que en el Hospital Centenario de Rosario, le colocaron un yeso para corregir esa dificultad. Eso lo alteró, así que lo tuvo solamente un día, ya que como la posibilidad de que él llegue a caminar eran escasas, nos parecía que era una molestia innecesaria. En el caso de mis dos hijos, se les entumecían mucho los músculos, tendían a tener las manitos cerradas todo el tiempo y hacia adentro, por la misma fuerza de las convulsiones”.

La mamá relató que a los 3 meses del fallecimiento de su segundo hijo, tuvieron la posibilidad de recibir a un nene en adopción, pero finalmente esa posibilidad no se llegó a concretar. “Cuando recibimos el ok en el Hospital Rivadavia para volver a intentar otro embarazo, consultamos con psiquiatras y psicólogos sobre si estaba bien que busquemos otro bebé. Nunca estuvo en nosotros la necesidad de reemplazar a nuestros hijos por otros. Ellos fueron únicos, pero sí nos había quedado esa sensación de vacío… Después de 6 años, una enfermera que tuvo Juan Manuel, se contactó con nosotros, porque sabia de un bebé y una hermanita que sus papás querían cederle la guarda, pero tampoco prosperó. Un día, una amiga que fue compañera de la universidad, que actualmente vive en EEUU, me comentó sobre la posibilidad de un tratamiento, en el que no se utiliza el material genético propio, sino que es donado. Comencé a buscar en internet, a leer, lo hablé con mi ginecólogo y me recomendó a ciertos profesionales. Fue así que empezamos la planificación, de a poco, porque lo hablamos muchas veces antes de decidirnos a hacernos este tratamiento, de ovodonación”, que es un proceso en el cual una mujer recurre a óvulos de una donante para poder conseguir el deseo de la maternidad.

Acebedo agregó que “Se realiza un período de prueba, en donde los médicos se fijan si el cuerpo es viable, que funcione y responda a una estimulación ovárica. Después de ese paso, completamos distintas planillas, con nuestras características físicas y se buscó un donante, lo más parecido a los padres y por otro lado, nos pusimos en contacto con el banco de semen y compramos una muestra… Este fue nuestro primer y único intento, ya que tiene un costo emocional muy alto y que además, viene sin ningún tipo de garantías para nadie… Hoy estoy en el sexto mes de mi embarazo. Es una nena y se llamará Eugenia, que tiene fecha de nacimiento para el 7 de julio. Por más que uno se preparó y que uno deseó mucho esto, los miedos toman y ganan territorio, por todo lo que nos ocurrió. Lo que sí tengo claro es que esto ya no depende de mi. Me puse en las manos de Dios y sé que las cosas nos van a salir muy bien”.