Cómo elaborar un duelo y volver a tener una vida plena

Pach Luciana PsicologaNuestra vida está repleta de una infinidad de pérdidas, que nos recuerdan constantemente la fragilidad y lo provisorio de todo vínculo y de toda realidad que intentamos construir. Dejar atrás la infancia, la juventud o la edad adulta, pueden ser situaciones que quizás pasen desapercibidas. Pero otras cuestiones más profundas, como perder funciones motrices o la salud, romper los vínculos afectivos y hasta despojarse de los bienes materiales, suelen dejar grandes huellas, que en realidad no se borrarán en toda la vida. Sin embargo, hay que aprender a convivir con los sentimientos que producen estas pérdidas, para cerrar la puerta imaginaria de una determinada etapa y dar paso a otras que esperan ser abiertas. Para muchísimas personas, superar ciertas vivencias desagradables, que llegan generalmente de modo inesperado, es bastante complejo y de hecho son un motivo constante de consulta en las sesiones psicológicas. Así lo confirmó la Lic. en Psicología Luciana Pach (MP1403), quien en diálogo con El Observador, expresó: “Llamamos ‘duelo’ a un proceso normal, inevitable y especialmente personal, por el que transcurre una persona ante una pérdida afectiva real. Se trata de respuestas emocionales que la persona va desarrollando ante el fallecimiento de un ser querido o alguien significativo en su vida, al conocer el diagnóstico de una enfermedad de mal pronóstico que limita su vida o la de un allegado y mucho más cuando la enfermedad es terminal. También surge cuando se producen cambios definitivos y rotundos, como un divorcio, cuando los hijos se van de la casa, la pérdida del trabajo o el cambio de puesto dentro de la misma empresa. Como se trata de un proceso personal, habitualmente no son coincidentes con los tiempos cronológicos. Si tomáramos un manual de diagnóstico, tendríamos que decir que un duelo normal debería comenzar inmediatamente después o en los meses subsiguientes de la pérdida y el mismo debería durar de 6 meses a un año. Pero normalmente la prolongación de ese estado es variable, ya que va a depender de las condiciones que rodearon al hecho causal de todo y a la intensidad de apreciación que la persona tenía”. Los grandes investigadores de la psiquis humana señalan que el duelo es tan devastador y aterrador, porque confronta a la persona con los 4 conflictos básicos de su existencia: la muerte, la libertad, la soledad y la falta de significado.

duelo-3Las emociones son parte del legado genético de nuestra especie y como nadie puede renunciar a ellas hasta el fin de sus días, la elaboración de las pérdidas es posiblemente un tema central en la existencia humana. Para llevar adelante un duelo, es preciso reconocerlo, sobre lo cual la profesional comentó: “Las características son propias de un estado de sensibilización. Hay tantos duelos diferentes como personas y situaciones existen, pero como para graficarlos, hay que pensar en un camino con adelantos y retrocesos, donde los mecanismos de defensas van a ser los recursos que le van a permitir a esta persona atravesarlo completamente. Hay estadíos en este trayecto, que son: negar la realidad, sintiendo que eso no está sucediendo y que está todo bien. El resentimiento. El intento de negociar o canjear lo sucedido por otra cosa. Un sentimiento de tristeza profunda, para luego llegar al final del camino, con la llamada aceptación, donde todo duelo debería culminar para beneficio de la integridad y el bienestar personal. Es importante que quien sufre una pérdida, se tome el tiempo para reflexionar, que será lo que lo llevará a darse cuenta qué le está sucediendo. Así verá en qué grado le afecta o dificulta su vida cotidiana. Si en lugar de salir, prefiere quedarse en la casa, en cama, recostado, siempre tiene falta de iniciativa, está abúlico, desganado, preso de la angustia o del vacío, presenta problemas para conciliar el sueño (insomnio), sufre falta de apetito (anorexia), advierte una conmoción somática como el deterioro corporal o un decaimiento físico generalizado, que perdura sin aparente cambio, es evidente que no está pudiendo elaborar correctamente su duelo y sería conveniente consultar a un profesional. Considero que todos los terapeutas apuntan a acompañar al paciente en este camino, donde el protagonista siempre es la persona que consulta y el que va definiendo los tiempos y el ritmo de ese momento tan especial de su vida”. Por tabúes y erróneas creencias algunos temen tener que llegar a tomar medicación durante su tratamiento de recuperación, cuestión a la que Pach se refirió: “Cuando una de las etapas mencionadas se profundiza o se prolonga más de lo esperable, los síntomas y el cuadro en general del paciente pueden llegar a indicar que requiere medicación, lo cual sólo puede ser prescripto por un médico psiquiatra. Es un recurso más dentro del marco terapéutico. Un apoyo que se suma para lograr que el paciente salga adelante. Probablemente sólo sea necesaria por un tiempo, mientras el proceso iniciado por el profesional avanza, permitiendo mayor funcionalidad a la persona”.

dueloParalelamente, el acompañamiento de la familia y los amigos es fundamental. “Nuestros vínculos, nuestro contexto, es ni más ni menos que el soporte de nuestra vida. Es importante su presencia en una situación de duelo o de cambio, pero interpretando que la persona en cuestión está atravesando un momento especial de su vida. Muchas veces tienden a que el paciente reprima el llanto y sus manifestaciones de sufrimiento y esas conductas tienden a enfermar. La liberación emocional es parte central del trabajo terapéutico. Esa emoción que se guardó por mucho tiempo, no sólo forma parte de nuestro ‘equipaje’ por así decirlo, sino que está contenido en nuestro cuerpo. Con determinados ejercicios, actividades o vivencias se llega a ella y es allí cuando al ser expresadas nuestra salud mejora. El contexto tiene que beneficiar y ayudar a cambiar, a liberar, a vivir diferente”, dijo Pach.

Si bien nadie está completamente preparado para divorciarse o ver fallecer un ser querido, existen recaudos a tener en cuenta, para sobrellevar mejor la situación cuando ello ocurra. “Nunca creemos que es el momento, hasta que las cosas suceden ahí, frente a nosotros”, dijo la psicóloga, al tiempo que agregó: “Cuando un miembro de nuestra familia se enferma gravemente, fallece o cuando nuestra vida toma otro rumbo que no es el esperado, vamos poniendo a prueba nuestra capacidad de respuesta. Hay situaciones que se pueden ‘ver venir’ y en esos casos lo mejor sería vivir ese momento presente intensamente, entendiendo que es único e irrepetible. Así dejará una enseñanza, que quizás de otra manera no se pueda descubrir. De esa forma se reparan los vínculos y se escribe otra historia o al menos, otro final. En esa etapa previa el abordaje terapéutico contribuye a modificar la calidad de vida. Es un aporte valioso y recomendable, porque constituye un espacio de autodescubrimiento y transformación. El profesional será quien por un tiempo camine de la mano con esa persona, por ese mundo que no conoce, ayudándolo a liberar ataduras y haciendo que de esa experiencia logre enriquecerse y sanar”. Asimismo, la licenciada sostuvo que “una mala elaboración del duelo lleva al denominado ‘duelo patológico’, donde la persona sufre una situación desviada de lo esperable. En esas circunstancias, el objeto de dolor puede ser real o imaginario y la persona rechaza la idea de pérdida, no es capaz de desprenderse e incluso llega a identificarse con él mismo. En general, quita su deseo del mundo y este estado de desequilibrio, afecta su salud y su posibilidad de vincularse sanamente con él y con los demás, dado que está atrapado en una disfuncionalidad emocional”.

duelo centralDecía Bordakian: “No llores porque las cosas hayan terminado, sonríe porque han existido”. Los duelos, por muy dolorosos y complicados que resulten, pueden ser oportunidades excepcionales para nuestro crecimiento personal y realización, siempre y cuando seamos capaces de afrontarlos y de integrar la correspondiente pérdida. No es sano quien no sufre. Por el contrario, lo es aquél que no intenta escapar del dolor, sino que sabiendo que ocurrirá, intenta saberlo manejar.