Avicultura: La importancia de la bioseguridad y el tratamiento de los residuos

1443 BernigaudLa licenciada en Bromatología y especialista en Ingeniería Ambiental, Corina Bernigaud (Estación Experimental Agropecuaria del INTA de Concepción del Uruguay) viene trabajando en lo relacionado a las normas generales de bioseguridad y tratamiento de los residuos de la avicultura. La profesional recordó que dichos desechos “pueden ser utilizados como enmienda orgánica, pero sin un tratamiento previo adecuado, pueden producir contaminación con consecuencias inmediatas en lo social y ambiental. Es tal la importancia de este procedimiento que ha sido reglamentado por los organismos competentes (SENASA 542/10, anexo II punto 5.6) y con el tratamiento adecuado, se evitan riesgos y dejan de considerarse desechos para convertirse en subproductos”.

Bernigaud se refirió al procedimiento que se debe seguir para evitar dicha contaminación con los residuos de galpones de parrilleros, ponedoras e incubadoras y señaló que los mismos “tienen valor agronómico, ya que son muy ricos en nitrógeno y fósforo. Los de ponedoras, consisten en el guano, cáscara de huevo, plumas y alimento caído, mientras que de las incubadoras, es la cáscara de huevo, huevos no eclosionados, entre otros. Se tratan con diferentes métodos, se procesan mediante compostaje o por autocalentamiento o apilado. El primero, es un proceso de degradación de la materia orgánica en materiales inorgánicos. Se mezclan con otros ricos en carbono, cuya proporción debe ser mayor… También es necesario humedecer el preparado, armar pilas de aproximadamente un metro de altura que deben ser volteadas 2 veces por semana. Dentro de las mismas se producen procesos de degradación de la materia orgánica llevada a cabo por microorganismos. Esta fase que se da con la elevación de la temperatura, produce la muerte térmica de los organismos patógenos, semillas y parásitos, obteniendo finalmente un producto seguro. El compost, es un excelente fertilizante natural, actúa aportando micro y macro nutrientes al suelo y ayuda a reducir la erosión al aumentar su capacidad de retención de agua”.

En cuanto al autocalentamiento, remarcó que “a diferencia del compostaje, en el apilado es importante obtener la temperatura de muerte térmica de los patógenos (60º-70ºC), para poder disponer luego de este material en forma segura. Se lleva a cabo dentro de los galpones de parrilleros y es necesario tener un tamaño de partícula homogéneo y para ello, se procede a romper todos los cascarones o cama apelmazada. Esta tarea se lleva a cabo con rotovactor u otro equipo que cumpla similar función. Se debe humedecer la cama, ya que las bacterias que intervienen en este proceso de calentamiento necesitan humedad (30-40%). Para ello se encienden los fogging o se utilizan mangueras de riego. Las temperaturas que se logran en el interior se denominan ‘de muerte térmica’ de patógenos y oscilan entre 60 y 70 grados centígrados. Esto se hace con las cortinas cerradas y se pueden encender las campanas durante las primeras 24 o 48 horas (opcional), para contribuir al autocalentamiento de la pila, que deberán permanecer así diez días o más. Debido a que en la superficie, queda cama que no ha recibido la adecuada temperatura, se aconseja humedecer nuevamente, repetir el volteo y armar la pila para que continúe el proceso por otros siete o diez días. Este sistema se realiza cada vez que haya un episodio sanitario o antes de una nueva crianza”, concluyó Bernigaud.